Eduardo Salgado Reyes, Diplomado Superior en Biología Aplicada
Resumen: Este artículo presenta un análisis exhaustivo de los impactos psicosociales, académicos y profesionales a largo plazo en los niños chilenos que fueron víctimas de la política de “exoneración” (purga política) del régimen militar en 1975 y del posterior exilio en el Reino Unido. Más allá de un relato histórico, se sostiene que dicho evento constituyó un trauma profundo del desarrollo, generando una cascada de consecuencias que fracturaron la identidad y reconfiguraron trayectorias vitales. Basándose en los marcos del TEPT complejo y de las Experiencias Adversas en la Infancia (ACE, por sus siglas en inglés), se examina cómo la migración forzada al Reino Unido, si bien ofreció seguridad física, presentó un conjunto único de desafíos y oportunidades que definieron la “doble conciencia” de la comunidad chilena en el exilio en Gran Bretaña.
Introducción: Exoneración – Un eufemismo para persecución
El 11 de septiembre de 1973, el tejido democrático de Chile fue violentamente desgarrado por un golpe de Estado militar. El régimen del general Augusto Pinochet que le siguió, apuntó sistemáticamente contra opositores percibidos mediante detención, tortura, desaparición y ejecución. Más allá de la violencia física, se empleó un mecanismo de control aún más insidioso: la purga política, o exoneración. Lejos de su sentido benigno de “exoneración”, este término denotaba la destitución sumaria y la marginación de individuos del servicio público, universidades e industria privada, debido a sus verdaderas o supuestas afiliaciones políticas.
Para abril de 1975, este proceso ya estaba institucionalizado y afectaba a miles de familias. Este artículo no se centra en la narrativa política de los adultos directamente purgados, sino en las víctimas ignoradas: sus hijos, de cinco, siete, nueve y diez años. Para ellos, la exoneración no era un término burocrático, sino el evento catastrófico que destrozó su mundo. El análisis deconstruirá el impacto inmediato de este trauma y rastreará sus repercusiones de por vida, en particular para aquellos forzados al exilio en el Reino Unido. Se plantea que la conjunción de violencia política, desplazamiento forzado y aculturación en un país extranjero creó un perfil psicosocial distintivo, marcado tanto por una patología significativa como por una resiliencia notable.
I. El trauma inicial: la infancia bajo la sombra de la Junta
Para un niño, el significado de exoneración se filtraba a través del colapso repentino de la seguridad familiar y material.
- Edades 4-7 (La experiencia sensorial): Para los más pequeños, el impacto era prepolítico y preverbal. Se manifestaba en la ansiedad palpable de sus padres, los susurros, la repentina presencia constante de un padre desanimado en casa, y las privaciones materiales al desaparecer el ingreso familiar. Su mundo era uno donde el timbre de la puerta o el ralentí de un auto afuera podía detonar un pánico que sentían, pero no comprendían, generando un estado fundacional de hipervigilancia.
- Edades 7-10 (La disonancia cognitiva): Los niños mayores comprendían la causalidad política básica: su padre era considerado “malo” por “los soldados”. Se enfrentaban al estigma directamente—mediante instrucciones de guardar silencio, la retirada de amistades, o la mirada hostil de maestros y vecinos. Entendían la amenaza no como abstracción, sino como peligro palpable contra la seguridad de sus padres y la unidad familiar. Este periodo sembró una desconfianza profunda hacia la autoridad y las instituciones sociales, ahora percibidas como instrumentos de persecución.
La experiencia común en todas las edades fue la ruptura de los supuestos fundamentales acerca de que el mundo es un lugar seguro, predecible y justo—criterio primario de lo que hoy la psicología denomina Trastorno de Estrés Postraumático Complejo (TEPT-C).
II. Los impactos en cascada: consecuencias mentales, físicas y académicas
El trauma de la exoneración y del exilio no fue un solo evento, sino un estresor crónico que desencadenó una cascada de resultados negativos a lo largo de la vida, perfectamente ilustrados por el modelo del estudio de las Experiencias Adversas en la Infancia (ACE).
A. Salud psicológica y mental
El legado central fue el TEPT-C, caracterizado por:
- Hipervigilancia: Un escaneo perpetuo, a menudo inconsciente, del entorno en busca de amenazas, con ansiedad crónica y dificultad para relajarse.
- Desregulación emocional: Dificultad para manejar emociones, manifestada en estallidos de ira, tristeza profunda o embotamiento afectivo—un mecanismo protector contra sentimientos abrumadores.
- Identidad fracturada: Desarrollo de un “yo de antes” (el niño chileno), un “yo traumatizado” (el periodo de purga y miedo), y un “yo en el exilio” (la nueva identidad en el Reino Unido). Esta fragmentación derivaba en una sensación persistente de no pertenecer a ningún lugar: extraño en Gran Bretaña y recuerdo lejano en Chile.
- Culpa del sobreviviente: Una culpa persistente por haber escapado cuando otros—amigos, familiares, compatriotas—fueron torturados, asesinados o desaparecidos.
B. Salud física
Los efectos neurobiológicos del estrés infantil crónico son profundos. La activación constante del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (HPA) puede producir disfunción a largo plazo, con mayores riesgos de:
- Enfermedades autoinmunes
- Problemas cardiovasculares
- Trastornos gastrointestinales
- Síndromes de dolor crónico
Muchos exiliados reportan alta prevalencia de estas condiciones, como una somatización del trauma político.
C. Desarrollo académico
La trayectoria educativa fue interrumpida dos veces: primero, en Chile, por el estigma y la inestabilidad familiar; y luego, de manera más decisiva, por el exilio. La llegada al Reino Unido supuso grandes obstáculos:
- Barreras lingüísticas: Ser ubicados en cursos por debajo de su nivel académico por falta de inglés era común, generando frustración y humillación.
- Capital cultural: Navegar un sistema educativo y un código social totalmente diferentes, sin guía parental (pues los padres carecían de ese conocimiento), imponía una presión enorme sobre el niño.
En consecuencia, las trayectorias académicas divergieron drásticamente. Algunos, impulsados por la necesidad de justificar el sacrificio de sus padres, destacaron con gran resiliencia; otros, abrumados por el trauma acumulado, vieron truncadas sus perspectivas educativas.
III. El exilio en el Reino Unido: una paradoja de seguridad y alienación
El contexto británico fue un mediador crítico de estos impactos. El exilio aquí fue una paradoja: ofrecía salvación, pero a un alto costo.
Los desafíos:
- Choque cultural y climático: El paso de la cultura social abierta y luminosa de Chile al entorno reservado y gris de la Gran Bretaña de los años setenta intensificó la nostalgia.
- La condición del exiliado: Estos niños no eran migrantes económicos, sino forzados, condición que arrastraba duelo no resuelto, sensación de asuntos inconclusos y un vínculo con una patria políticamente tóxica y físicamente peligrosa para regresar.
- Aislamiento: La comunidad chilena, aunque cohesionada, era pequeña. Constituían una minoría visible, a menudo blanco del racismo y la xenofobia de la época.
Las oportunidades:
- Estado de derecho y seguridad: El mayor regalo fue la seguridad física. El terror de la detención o desaparición arbitraria se reemplazó por el marco predecible del estado de derecho.
- El Estado de bienestar: El NHS, el sistema educativo público y las ayudas sociales fueron un sostén crucial que permitió sobrevivir y reconstruirse a familias fracturadas. Este apoyo estructural distinguió la experiencia británica de la de otros países de acogida menos solidarios.
- Solidaridad política: El Reino Unido, especialmente bajo gobiernos laboristas y en círculos sindicales y académicos, sostuvo un fuerte movimiento de solidaridad con Chile. Esto brindó un marco de comprensión política y validación para los exiliados, contrarrestando la narrativa del régimen que los tachaba de “malos chilenos”.
IV. Consecuencias profesionales e identitarias a largo plazo
La culminación de estas experiencias configuró la vida profesional adulta y la formación de identidad.
Las perspectivas laborales estuvieron directamente ligadas a la interrupción educativa. Muchos exiliados de primera generación enfrentaron el fenómeno de la “subutilización del capital humano”: sus títulos (o su potencial) no fueron plenamente reconocidos, derivando en subempleo. La desconfianza interiorizada hacia la autoridad podía traducirse en dificultad para navegar jerarquías corporativas.
Sin embargo, emergió una tendencia significativa: la inclinación hacia profesiones con sentido. Muchos canalizaron su trauma en carreras de trabajo social, psicología, derecho en derechos humanos, academia, artes y medicina—campos donde podían procesar su experiencia, ayudar a otros y “hacer la diferencia”, reclamando así la agencia arrebatada en su niñez.
Su identidad permanece diaspórica. Son ciudadanos británicos, pero sus raíces emocionales y culturales se encuentran en un Chile que ya no existe—el de sus recuerdos de infancia. Encarnan lo que Du Bois describiría como “doble conciencia”: navegar entre dos culturas, sintiéndose plenamente en casa en ninguna.
Conclusión: un legado inacabado
La exoneración de abril de 1975 no fue una simple decisión administrativa de una junta; fue un acto de guerra psicológica intergeneracional. Para los niños que la padecieron y luego vivieron el exilio en el Reino Unido, el evento se convirtió en un pilar fundacional, aunque traumático, de su identidad.
Sus vidas son una negociación permanente entre trauma y resiliencia. Llevan las cicatrices psicológicas del TEPT-C y las huellas físicas de las ACEs, testimonio vivo del costo a largo plazo de la violencia política. Sin embargo, también representan la profunda adaptabilidad humana. Construyendo vidas en la seguridad británica, contribuyeron significativamente a su nueva sociedad, mientras portaban para siempre la memoria de la patria de la que fueron arrancados.
Comprender su experiencia no es solo un ejercicio histórico. Proporciona un marco crítico para entender el impacto vitalicio del trauma político en el desarrollo infantil y ofrece lecciones valiosas sobre cómo los países de acogida, mediante políticas de apoyo y solidaridad social, pueden ayudar a mitigar ese daño y permitir que florezca la resiliencia. La historia de los exiliados chilenos en Gran Bretaña recuerda con crudeza que las heridas de la dictadura trascienden las fronteras nacionales y las generaciones que la padecieron directamente.
En apoyo de:
Referencias (ilustrativas):
- Herman, J. L. (1992). Trauma and Recovery.
- Felitti, V. J., et al. (1998). Relationship of Childhood Abuse and Household Dysfunction to Many of the Leading Causes of Death in Adults: The Adverse Childhood Experiences (ACE) Study. American Journal of Preventive Medicine.
- Van der Kolk, B. A. (2014). The Body Keeps the Score.
- Wright, T. & Oñate, R. (2005). Flight from Chile: Voices of Exile.
- Diversos informes del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, Santiago de Chile.
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