Por SolidarioGB | 24 de junio de 2026
Introducción: Un Giro Histórico
En junio de 2026, el Partido Comunista de Cuba aprobó el programa de reformas económicas y sociales más ambicioso en décadas: 176 medidas agrupadas en 23 áreas, que tocan prácticamente todos los sectores de la economía de la isla. Las reformas, que expanden el papel del capital privado y los mecanismos de mercado, llegan en medio de la crisis más severa que enfrenta Cuba desde el “Periodo Especial” que siguió al colapso de la Unión Soviética. Los apagones eléctricos diarios promedio han alcanzado las 20 horas, el déficit eléctrico ha escalado a 1.955 megavatios y la economía se contrajo bruscamente en el primer semestre de 2026.
Sin embargo, a pesar de su radicalismo, estas reformas no representan un abandono del socialismo. Los funcionarios cubanos insisten en que constituyen una renovación—un giro hacia un modelo que ha sido probado y ha demostrado su éxito en dos naciones socialistas asiáticas: China y Vietnam. Como lo expresó el presidente Miguel Díaz-Canel: “La realidad nos impone cambios urgentes y necesarios. Y cuando la vida del pueblo se vuelve tan dura, el primer deber del Partido Comunista y del gobierno revolucionario no es explicar mejor la crisis, sino cambiar lo que hay que cambiar para salir de ella”.
Este artículo examina los paralelismos entre el nuevo paquete de reformas de Cuba y la economía socialista de mercado de China, explorando cómo La Habana está tomando inspiración de la experiencia de Beijing mientras navega sus propios desafíos únicos.
El Fundamento Teórico: El Mercado como Instrumento
El paralelismo más fundamental reside en la reorientación ideológica del papel de los mercados en el desarrollo socialista. Durante décadas, Cuba se adhirió a una economía planificada centralizada modelada según el sistema soviético. Pero China rompió con esta ortodoxia en 1978, transformando gradualmente su economía planificada en una “economía socialista de mercado con características chinas”.
La posición china, articulada claramente en el discurso oficial, sostiene que “la economía de mercado es una etapa que no puede ser superada durante el desarrollo socialista” y que “la economía planificada no pertenece al socialismo, ya que el sistema capitalista también utiliza métodos de planificación. La economía de mercado no pertenece al capitalismo tampoco, ya que el sistema socialista también utiliza medios de mercado”. La planificación y los mercados no se entienden como características definitorias de diferentes sistemas, sino como herramientas neutrales que pueden servir a fines socialistas.
El paquete de reformas de Cuba adopta explícitamente esta lógica. El primer ministro Manuel Marrero Cruz declaró que las medidas “no implican renunciar a la responsabilidad social del Estado”, sino que incorporan mecanismos de mercado como “instrumentos para la asignación eficiente de recursos”. Las reformas reconocen que los mecanismos de mercado pueden ayudar a superar las ineficiencias que han afectado a la economía cubana dominada por el Estado, mientras se preserva el compromiso del socialismo con la justicia social.
Esto representa un cambio teórico profundo. Tanto China como Cuba reconocen ahora que la diferencia esencial entre las economías socialistas y capitalistas no reside en la presencia o ausencia de mercados, sino en si el mercado está vinculado al sistema socialista y sirve a los objetivos socialistas.
El Precedente Sino-Vietnamita: Por Qué Cuba Mira hacia el Este
La investigación académica ha proporcionado una base empírica poderosa para el giro de Cuba hacia el modelo chino-vietnamita. Un estudio pionero de Carmelo Mesa-Lago, publicado en el Latin American Research Review, compara sistemáticamente el desempeño del plan central cubano frente al modelo socialista de mercado sino-vietnamita.
El estudio identifica dos modelos distintos:
El Plan Central Cubano: Caracterizado por grandes empresas estatales predominantes sobre el mercado y la propiedad privada, con reformas estructurales orientadas al mercado de carácter leve que han demostrado ser ineficaces para generar un desarrollo socioeconómico sostenible.
El Mercado Socialista Sino-Vietnamita: Tipificado por pequeñas, medianas y algunas grandes empresas privadas que operan bajo un plan descentralizado (una directriz más que un plan central), con el Estado regulando la economía y controlando las empresas más grandes.
Los resultados son contundentes. Para 2019, la participación del sector estatal en el PIB había disminuido al 27 por ciento en Vietnam y al 31 por ciento en China, en comparación con el 91 por ciento en Cuba. El modelo sino-vietnamita ha impulsado algunas de las tasas de crecimiento económico más altas del mundo y ha mejorado significativamente la seguridad social.
El análisis de Mesa-Lago de veinte indicadores económicos y sociales arroja un ranking compuesto: China primero, Vietnam segundo, Cuba rezagada. Este hallazgo es particularmente significativo porque en el momento de sus revoluciones, China y Vietnam eran significativamente menos desarrollados que Cuba—lo que significa que las dos naciones asiáticas tuvieron que hacer un esfuerzo mucho mayor para igualar y superar la posición prerrevolucionaria de Cuba.
El estudio concluye recomendando reformas para Cuba basadas en las políticas exitosas de China y Vietnam. El paquete de reformas de Cuba de 2026 parece ser una respuesta directa a este consenso académico.
Paralelismos en Áreas Clave de Reforma
Empresas Estatales: Del Comando a la Comercialización
Tanto China como Cuba están transformando las empresas estatales de unidades administrativas a entidades comerciales capaces de operar en entornos de mercado. Las reformas de Cuba prevén transformar las empresas estatales en compañías comerciales con acciones y participaciones, con el Estado reteniendo el control mayoritario solo en sectores estratégicos. Actores no estatales—individuos privados, cooperativas e inversionistas extranjeros—podrán comprar acciones.
Esto refleja el enfoque de larga data de China, donde las empresas estatales han sido reformadas para operar como entidades de mercado independientes, mejorando la eficiencia y la competitividad mientras el Estado mantiene la supervisión regulatoria y el control sobre las empresas más grandes. El modelo chino presenta “un mayor juego de las fuerzas del mercado en la asignación de recursos y la innovación tecnológica”, pero se diferencia del paradigma occidental de libre mercado al mantener una “orientación política centrada en el pueblo” y un “diseño gubernamental de alto nivel”.
Empresa Privada: Formalización y Expansión
Las reformas de Cuba autorizan empresas privadas micro, pequeñas y medianas no agrícolas, eliminan el límite de empleados y permiten que los individuos posean múltiples empresas. Esto se basa en la legalización de 2021 de empresas privadas con un máximo de 100 empleados, pero representa una expansión significativa.
Los paralelismos con China son evidentes. El sector privado de China es un motor principal del crecimiento económico y el empleo, operando junto a las empresas estatales en una relación complementaria. El modelo chino combina explícitamente “el papel de las fuerzas del mercado de abajo hacia arriba con el diseño gubernamental de arriba hacia abajo”.
Inversión Extranjera: Abriendo Puertas
Cuba está cortejando a los inversionistas extranjeros con una apertura sin precedentes. Los derechos de superficie se extienden a noventa y nueve años y los derechos de usufructo a más de cincuenta años. Las empresas de capital extranjero pueden abrir cuentas bancarias en el extranjero sin autorización previa y acceder al mercado de divisas. Los ciudadanos cubanos gozarán de las mismas condiciones de inversión que los inversionistas extranjeros.
La experiencia de China con la inversión extranjera—particularmente a través de zonas económicas especiales y un entorno empresarial progresivamente más abierto—proporciona un modelo claro. El enfoque de China ha sido dar la bienvenida al capital extranjero mientras mantiene la supervisión regulatoria y asegura que la inversión se alinee con las prioridades de desarrollo nacional. Como señaló un ex funcionario del FMI, “una mayor apertura seguirá siendo un motor crucial de crecimiento para China”.
Banca y Finanzas: Modernización bajo Control
Las reformas de Cuba incluyen el establecimiento de bancos y casas de cambio privados, la apertura de cuentas en moneda extranjera y la creación de un mercado de cambio digital. Empresas privadas, cooperativas e inversionistas extranjeros podrán establecer instituciones bancarias y no bancarias que operen bajo la supervisión del Banco Central en igualdad de condiciones con los bancos estatales.
Esto se asemeja a la modernización del sistema financiero de China, que cuenta con bancos tanto estatales como privados, tecnología financiera avanzada y sistemas de pago digital—todo bajo la supervisión del Banco Popular de China. El modelo chino enfatiza que la reforma financiera orientada al mercado debe ir acompañada de “fortalecer las finanzas de los gobiernos locales y mejorar los ingresos y el bienestar de las personas”.
Agricultura: Descolectivización y Mercado
Las reformas agrícolas de Cuba son particularmente notables. Se elimina el requisito de que los usufructuarios trabajen la tierra directa y permanentemente. Las cooperativas están facultadas para importar combustibles, realizar comercio exterior directamente y abrir cuentas bancarias en el extranjero. Los agricultores obtienen acceso a moneda extranjera y el derecho a importar materias primas sin intermediarios estatales.
Estos cambios hacen eco del “Sistema de Responsabilidad Familiar Posterior a la Colectivización” de China, que catalizó un crecimiento agrícola sin precedentes al otorgar a los campesinos derechos de uso de la tierra seguros y transferibles mientras se mantenía la propiedad estatal de la tierra. Un estudio comparativo de reformas agrarias concluye que la transformación agraria sostenible requiere “ir más allá de modelos ideológicos rígidos” hacia “un marco de gobernanza híbrido que vincule estratégicamente las preocupaciones marxistas por la equidad con los mecanismos de mercado para la eficiencia”—una fórmula que tanto China como ahora Cuba parecen estar adoptando.
Transformación Digital: Innovación Habilitada por el Estado
Las reformas de Cuba reconocen los datos como “el quinto factor de producción” y autorizan al sector privado a proporcionar servicios de centros de datos, servicios en la nube e infraestructura de telecomunicaciones. La inteligencia artificial impulsará una nueva plataforma digital para contrataciones y licitaciones públicas.
Esto se alinea con el impulso de China hacia la transformación digital bajo guía estatal, donde la innovación tecnológica es vista como un motor clave del crecimiento de la productividad. El modelo chino “se caracteriza porque las fuerzas del mercado juegan el papel fundamental y más importante, mientras que las reformas que impulsan los avances tecnológicos” sirven como pilares críticos.
La Paradoja del Control: Lecciones y Desafíos
Las reformas cubanas plantean una pregunta crítica que China ha enfrentado durante décadas: ¿Cómo puede un estado socialista liberalizar su economía mientras mantiene el control?
El enfoque de China ha sido desarrollar una fuerte capacidad regulatoria. El Estado “regula la economía y controla las empresas más grandes”. Se está construyendo un “sistema de mercado socialista de alto nivel con características chinas”, donde las fuerzas del mercado juegan el papel fundamental mientras las reformas fortalecen las finanzas de los gobiernos locales y mejoran el bienestar de las personas. El sistema combina el “diseño gubernamental de alto nivel” con mecanismos de mercado, creando lo que algunos académicos describen como una “Nueva Formación Socioeconómica” marcada por “la coexistencia de diferentes modos de producción”.
Cuba enfrenta un camino más difícil. Las reformas reconocen que el sector estatal representa aproximadamente el 80 por ciento de la actividad económica—mucho más que el 31 por ciento de China o el 27 por ciento de Vietnam. La capacidad estatal requerida para regular mercados privados complejos puede ser deficiente, particularmente dada la severa crisis económica que enfrenta Cuba.
La “paradoja del control” es real: la propiedad estatal directa no logró generar suficiente productividad, pero las alternativas regulatorias requieren una capacidad estatal que las propias reformas están diseñadas para superar. El liderazgo cubano parece reconocer este desafío. El paquete de reformas se describe como un “proceso” que será “flexible, con revisión constante, adopción de acciones correctivas y un sistema de aprendizaje”.
Protección Social: El Imperativo Socialista
Quizás el paralelismo más importante entre los modelos cubano y chino es el compromiso con la protección social. Ambos insisten en que los mecanismos de mercado deben ir acompañados de bienestar social.
Las reformas de Cuba eliminan los subsidios a los productos y los reemplazan con subsidios personales directos a través de un Fondo de Protección Social. Todos los actores económicos deben participar en la responsabilidad social corporativa: apoyar pagos de pensiones, comedores populares, hogares de niños, asilos de ancianos y sistemas de apoyo familiar; proporcionar servicios con descuento o gratuitos a personas vulnerables; contribuir a la salud y educación públicas; crear canastas básicas mensuales para familias necesitadas.
Esto refleja un principio central del modelo chino: “las fuerzas del mercado juegan el papel fundamental y más importante” mientras las reformas “mejoran los ingresos y el bienestar de las personas”. La economía socialista de mercado china está “vinculada al sistema socialista básico” y esta vinculación es “la condición fundamental para garantizar el socialismo como la naturaleza y dirección de la economía china”.
Ambos modelos comparten una premisa fundamental: la liberalización del mercado es permisible solo en la medida en que sirva a fines socialistas—generando la riqueza necesaria para sostener la justicia social y mejorar los niveles de vida.
Conclusión: Un Experimento Controlado
Las reformas cubanas de 2026 representan el intento más significativo de un estado socialista de aprender del modelo chino desde las reformas Đổi Mới de Vietnam en la década de 1980. Los paralelismos son extensos y deliberados: empresas estatales comercializadas, empresa privada formalizada, inversión extranjera bienvenida, sistemas financieros modernizados, agricultura mercantilizada—todo bajo el paraguas del control político socialista continuo.
La investigación académica ha proporcionado una justificación convincente para este giro. El modelo socialista de mercado sino-vietnamita ha superado al plan central de Cuba en indicadores económicos y sociales. El análisis comparativo de Mesa-Lago recomienda explícitamente que Cuba adopte reformas basadas en las políticas de China y Vietnam.
Sin embargo, el camino de Cuba no es una copia simple del modelo chino. La isla enfrenta desafíos únicos: un embargo estadounidense que China nunca experimentó; una economía mucho más pequeña con menos diversificación; y una crisis de capacidad estatal que puede complicar la regulación de mercados recién liberalizados. Las reformas reconocen estas dificultades, describiendo el proceso como uno que será “flexible, con revisión constante, adopción de acciones correctivas y un sistema de aprendizaje”.
El éxito del experimento cubano dependerá de si puede construir la capacidad regulatoria que ha sido crucial para el modelo de China—o si, careciendo de esa capacidad, la liberalización conduce a la fragmentación y estratificación social que las disposiciones de responsabilidad social corporativa obligatoria del documento parecen diseñadas para gestionar.
Lo que está claro es que Cuba ha hecho una elección histórica: abrazar el mercado no como una concesión al capitalismo sino como una herramienta para el socialismo. Al hacerlo, se ha colocado en un camino que China ha recorrido durante casi cinco décadas—cuyo destino permanece incierto, pero cuya dirección es ahora inequívoca.
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