Jacqueline Flores.
Sus recuerdos se cobijan, antes semblanzas de alegrías y tristezas al mismo tiempo. El altar está vacío, porque no estarán las fotos recientes del padre amigo. Su camino se extinguió tan rápido, y su voz se apagó como el soneto al final de dos cuartetos y dos tercetos. Su dicción grave dejó de decir los sabios consejos.
Es la niña del artesano, del señor que remendaba zapatos y zurcía el cuero. Su infancia fue difícil, y en los días cotidianos; a veces no había alimentos para comer. El vivir en la ciudad de Guayaquil, con sus complejidades y sus agresiones; empañaban los intentos de ser alguien en la vida. El hecho de ser mujer, también implicaba, transgresiones y atentados a su pudor. Eran los años 70, donde la inequidad de género se sentía a flor de labios y el comportamiento rutinario, era de evitar el encontrarse con el discrepante.
En la edad escolar, la escuela donde estudiaba era de un piso alto con pilares y piso de madera. Los juegos matinales eran el correr y correr para alcanzar la meta soñada. La cúspide se hacía más lejana, y se tenía que cumplir un compromiso apasionado, porque su madre, le había enseñado, la sabía resonancia de frases matrices: el estudio es la única fuente de sustento, es la única puerta para salir de la crisis y un sinnúmero de enunciados positivos etiquetados en su mente.
La crisis siempre se dio en los hogares humildes. Los antiguos gobiernos capitalistas, nunca tuvieron una visión para el pobre, para el desprotegido. Sus leyes son y serán de explotación y por ende para bloquear todo acto de progreso educativo. Es un estado de gobierno sanguinario y cruel. No les interesa que la población de escasos recursos se eduque, porque necesita que el pobre y humilde le sirva por siempre. Esta situación de vida injusta, marco a la hija del zapatero.
Un día miró con enfado al rico, al jefe prepotente, al comerciante desleal, al tirano y al adulón. Y se apasiono de la quimera de superación y mejoramiento. Retumbó su cerebro hasta más no poder y cada vez que se derrumbaba en sus derrotas, siempre observo una luz al otro lado del camino. Emuló al águila, en su recorrido por triunfar y nunca renunció a su objetivo trazado, escritos en un cuaderno viejo. Su arruinada libreta fue y es su recordatorio de los logros alcanzados.
Los años de adolescente, y los estudios del bachillerato fueron una pelea de golpes internos y externos. Las continuas asechanzas de enamorados fugitivos y
acosadores, tratando de arruinar el sueño anhelado. Las actividades juveniles se recompensaban en los ratos de danzas y deportes. El baile era la adrenalina que chispeaba a todo fulgor y entre ratos y momentos, se interponían en el delirio escrito. Se le hizo difícil sujetar su pasión de momento y sus sueños pactados, pero fortaleció sus plegarias y fue escuchada.
La universidad llegó, y los sueños invocados, se fueron dando. Su apego al estudio, encaminó sapiencia y triunfo, nunca se doblegó ante el dictador. Defendió sus derechos con frenesí y sólo dobló rodillas ante el Altísimo. Un Padre celestial, que le dio un afectuoso padre artesano.
Se puede ser hija de papás que tengan diferentes profesiones, pero se ensancha el pecho, y se muestra el orgullo ante tan admirable designación. El padre zapatero, educó a su hija el arte de la artesanía, el arte del amor familiar, el arte de cumplir lo comprometido y el arte de hacer bien las cosas. Ella se enfocó en un objetivo de vida y de progreso. De ambicionar lo que no tuvo y poderlo cristalizar, en sus años de madurez.
Las instrucciones y aprendizajes se cultivaron y fueron como los lirios y geranios, florecidos. Un florecer dorado y adornador en su jardín de vida. Se puede examinar que los procesos de vida son desoladores o consoladores, sólo el ímpetu con que te empoderes de objetivos claros y fructíferos, lograrás amarte más y emanar a los demás.
El ser convincentes en tus propósitos de vida, y añorar días mejores, son los senderos exitosos alcanzados. El Socialismo del siglo XXI de la Revolución Ciudadana enarboló en Ecuador un tiempo de prosperidad, pero cambió por un gobierno servil a los grupos económicos. Son los hijos de los artesanos, agricultores, amas de casa y trabajadores informales que surgieron en esa etapa cristalizando sus sueños y también los anhelos de la hija del artesano, quizás derrumbados en estos cuatro años de desgobierno, y serán retomados cada vez que intente quitarnos lo que nos pertenece, dentro de un ámbito de justicia y equidad elevando la voz con firmeza y resistencia.
Santo Domingo, Ecuador, 02 de septiembre del 2020
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