A un año de la guerra en Ucrania: un balance geopolítico

27 febrero 2023, desde Almayadeen

A un año de la guerra en Ucrania: un balance geopolítico

En prácticamente todos los niveles y esferas en materia geopolítica, de relaciones internacionales, en el panorama bélico, en el económico y en el energético, todo ha sido fundamentalmente trastocado por una guerra.

El 24 de febrero se cumplió un año de la Operación Militar Especial (OME) que la Federación Rusa inició en Ucrania, anunciada por su presidente, Vladímir Putin. Difícilmente no existe acontecimiento geopolítico de mayor magnitud en lo que va de siglo, mismo que ha estado nutrido de grandes eventos y movimientos tectónicos que impactan a la totalidad del planeta.

En prácticamente todos los niveles y esferas en materia geopolítica, de relaciones internacionales, en el panorama bélico, en el económico y en el energético, todo ha sido fundamentalmente trastocado por una guerra, o la respuesta militar a una guerra indirecta, híbrida, que tenía años librándose, partiendo en un antes y un después el rumbo del planeta y su destino.

Dado lo abrumadoramente abarcante de estos movimientos, en este seriado proponemos una secuencia de “viñetas”, una parte por el todo, para reseñar los elementos con los que se pueden ir realizando balances preliminares en una situación global que todavía tiene final abierto. En esta primera parte, producto del acopio de un año de seguimiento, cobertura y estudio, se abordarán dos puntos en lo militar que, de menos a más, en las dos entregas subsiguientes cubrirán elementos de mayor alcance.

1. ¿Se acerca el fin de la OTAN?

Con la expansión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) hacia el este europeo, colindante con el espacio euroasiático y, por ende, el territorio históricamente ruso (incluyendo su zona de influencia), la presión militar de Estados Unidos y su cohorte de socios adiestrados sobre la Federación Rusa se fue consolidando hasta la colisión con las líneas rojas marcadas por el propio Kremlin. Ello no se tradujo en una alarma sino más bien en un aliciente para los factores neoconservadores para la preparación, el pertrecho y la asignación de recursos en el campo bélico a Ucrania, designada desde 2014 como una cuña apañada con propósitos de agresión occidental sobre Rusia.

De manera generalizada, se tenía consolidado en el imaginario mundial una supuesta superioridad de la alianza atlantista tras décadas de campañas de asalto sobre países y organizaciones más pequeñas (recordemos la tragedia libia, por ejemplo), la cual no había sido disputada hasta hace un año, cuando todo el apoyo logístico en armas, municiones y equipamientos varios a Kiev se toparon con la realidad actual de un mundo que había cambiado inadvertidamente (para ellos) en los asuntos militares.

La expresión más nítida de aquello se haya en el estado existente de su ecosistema industrial-militar comparado con el despliegue ruso. Se puede ilustrar esto, en primer lugar, con lo dispuesto a Ucrania en términos de municiones con relación a lo desplegado por Rusia.

De acuerdo con un informe publicado en Sky News, el ejército ruso ha disparado un promedio de 20 mil proyectiles de artillería al día, frente a los 5-6 mil que el ejército ucraniano lanza diariamente. El medio británico considera que “desde las grandes batallas de la Segunda Guerra Mundial, la artillería no se ha utilizado con tanta ferocidad e intensidad como ahora en Ucrania”.

Hay más. Un análisis militar del bloguero Simplicius The Thinker concluye que Rusia “ha lanzado más misiles de crucero en el primer año del conflicto de Ucrania que los que Estados Unidos ha lanzado de sus famosos ‘Tomahawks’ en la totalidad de las cuatro décadas de vida útil” de ese armamento. Si podemos dar por ciertas las cifras emanadas por el presidente ucraniano Vladímir Zelensky en agosto de 2022, Rusia ha lanzado más de 3 mil 500 misiles, “y desde entonces Rusia solo ha aumentado la intensidad, lo que significa que en este momento el recuento probablemente supere los 5 mil. Mientras tanto, Estados Unidos ha lanzado un total de 802 Tomahawks durante la totalidad de la Guerra de Irak de 2003 en adelante, y alrededor de 2 mil 300 en total desde el inicio del Tomahawk a principios de la década de 1980”.

Teniendo en cuenta que “Estados Unidos tiene un arsenal de aproximadamente 4 mil Tomahawks en total en la actualidad, y en los últimos años, solo han producido alrededor de 100-150 de ellos por año”, no sería extraño entonces “que el bloque occidental se encontrara repetidamente con escasez de municiones guiadas tan recientemente como durante el conflicto de Libia en 2011. Piénselo de esta manera: si Rusia ha lanzado más de 5 mil misiles de crucero a Ucrania hasta ahora, que ni siquiera los ha movido, imagine lo que 4 mil Tomahawks podrían hacerle a Rusia. En un enfrentamiento directo, Estados Unidos se quedaría sin todos los misiles guiados de precisión en poco tiempo, ¿en qué confiarían después de eso? ¿Artillería?”, comenta el mencionado autor.

Estos datos muestran con claridad el cuadro de erosión en la capacidad armamentística de la OTAN, incluido Estados Unidos, frente a un complejo industrial-militar ruso que goza de robusticidad y producción ante los escenarios bélicos mucho más holgado que sus homólogos atlantistas.

A mediados de febrero, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, declaró que “la tasa actual de gasto en municiones de Ucrania es muchas veces más alta que nuestra tasa actual de producción”, lo que “pone a nuestras industrias de defensa bajo presión”.

En síntesis, los países OTAN se están quedando sin suministros militares para armar a Kiev. Sky News afirma que “algunos analistas” creen que la organización atlantista “no tendría suficientes suministros para luchar contra Rusia si llegara a hacerlo ahora. Se informa que Alemania tiene suministros de municiones para dos días, por ejemplo, si los tanques rusos cruzan sus fronteras”.

Si bien los datos en torno a las municiones son difíciles de obtener y clasificar, los reportes publicados en distintos medios estadounidenses y europeos apuntan que no hay suficientes y que la producción debe incrementarse. Stoltenberg así lo entiende: “Está claro que estamos en la carrera de la logística… Una guerra de desgaste se convierte en una batalla de logística”.

  1. defenderá hasta lo último,
  2. no es cierto que la ofensiva rusa sea exitosa,
  3. la destrucción que convierte a la ciudad en un devastador paisaje lunar es obra exclusivamente rusa,
  4. producto de los problemas y fracasos, existen grandes conflictos y diferencias entre Wagner y las unidades regulares rusas (o milicias del Dombás),
  5. la rencilla interna escala a un choque entre los líderes, en este caso Yevgeny Prigoshin, de Wagner, y el Ministerio de Defensa ruso,
  6. a pesar de los avances rusos, no se cederá un milímetro de Bajmut,
  7. Bajmut no tiene valor estratégico alguno
    y es posible que en algún momento Ucrania ceda esta plaza tan poco importante.

Cualquier seguimiento del año de combate se topará reiteradamente con matrices nerviosamente coloridas y sin verificar que afirman que Rusia se está quedando sin misiles, o sin artillería, que le quedan dos semanas de inventario, que los “contrataques” ucranianos (Jarkov, Jersón) han sido fulminantes e irreversibles, que el ejército ruso (y aliados) está compuesto en realidad por conscriptos secuestrados, delincuentes comunes y unidades fanáticas (los chechenos), que en cualquier momento hay golpe de Estado en Moscú, que Putin tiene cáncer, que está terminal, que sufre demencia, etc. Y que Rusia está perdiendo miles de soldados y mercenarios diarios en Bajmut.

Pero ese rosario de afirmaciones inverificables no está describiendo o analizando la realidad en el campo de batalla; es útil para constatar el grado de propaganda o urgencia narrativa que sigue otorgándole sentido y emoción controlada al público occidental. Podrá decirse mucho de lo áspero y desabrido, a veces inexacto o anticlimático, de los reportes del Ministerio de Defensa ruso y lugares de emisión orbitantes, pero siempre ha estado en una medida superior ajustado a la realidad.

¿Es importante o no Bajmut para el ejército ucraniano? Aquí no se debe perder de vista que al incumplir, ralentizar u omitir los acuerdos de Minsk II de 2015, Kiev y la OTAN aprovecharon el tiempo ganado para reformar y re-estructurar el ejército, pero también para fortificar y establecer líneas defensivas en las áreas que controlaban del Dombás, previendo el escenario de la probable (¿e inevitable?) intervención militar directa de Moscú.

En ese sentido, como se observa en la gráfica más abajo, se ven varios ejes defensivos. De nuevo, cualquier seguimiento punto a punto de la campaña del Dombás dará cuenta de como han sido precisamente estas líneas de defensa fortificadas las que a lo largo del año pasado fueron derribadas por los rusos y las milicias aliadas de Donetsk y Luhansk.

ofrece “pocos resultados” según los medios occidentales, donde es Rusia quien está siendo desangrada.

Bajo ese argumento, el ejército ucraniano ha consistido a lo largo de 2022 en variaciones de ejércitos que son desmantelados y luego vueltos a levantar con ayuda extranjera, “destruyendo la fuerza de pre-guerra en los meses iniciales, luego combatiendo contra unidades que eran reabastecidas con inventarios del Pacto de Varsovia, y que ahora es una fuerza en degradación que en gran medida es dependiente de los sistemas occidentales”.

Es probable que a estas alturas muchas de esas unidades élites hayan sido evacuadas o rotadas y que en un porcentaje más alto el ejército ruso, las milicias del Dombás y el grupo Wagner se enfrenten a conscriptos principalmente, lo que hace aún más trágico el escenario en el que sistemáticamente se están eliminando o desactivando un sinnúmero de reclutas con poca preparación militar o disposición para el combate.

El propio Prigozhin, en una entrevista, confirma que el propósito de Bajmut y la función esencial de Wagner es precisamente la de ser “el principal punto de atracción” que le permite a las tropas en otros lugares “operar cómodamente” toda vez que la tarea es, precisamente, hacer de esta ciudad minera una “picadora de carne”, aludiendo al ingreso constante de “carne de cañón” ucraniano y de la OTAN.

Así, finalmente, podemos emplear a Bajmut primero como la impronta de cuál ha sido la táctica fundamental para enfrentar a Ucrania y la OTAN, cómo este esfuerzo a pesar de lo deliberadamente mal contado por los medios mainstream tiene los resultados que tiene, cuáles son las urgencias de Ucrania-Occidente, dónde se está suprimiendo lenta, metódica y paulatinamente a sus fuerzas militares, y por qué la desesperación de seguir transfiriendo como sea nuevos inventarios de sistemas de artillería, tanques, baterías anti-aéreas, etc.

Bajmut es, en definitiva, la reproducción a menor escala de lo que ha sido la campaña del Dombás, cuya resolución, al menos para esta misión en específico, será el punto de no-retorno, cómo no existe ninguna ansiedad o apuro del ejército de la Federación Rusa por alcanzar sus objetivos estratégicos, toda vez que la desmilitarización, la desnazificación y la protección de la población del Dombás avanzan. Los tres objetivos principales del por qué se le dio inicio a la para entonces llamada Operación Militar Especial (OME).


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Published by EduardoSalgado

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