Traducción por ESR, gracias a: http://thecommunists.org/
Por qué el pueblo volvió a votar al presidente Nicolás Maduro y a su gobierno del PSUV.
Pie de foto: En los medios de comunicación occidentales se ha hecho mucho ruido sobre las elecciones robadas y los dirigentes impopulares y dictatoriales de Venezuela, pero la verdad es que amplias franjas de las masas están plenamente comprometidas con el proceso antiimperialista y revolucionario que tiene lugar bajo la dirección del gobierno chavista, y sus perspectivas de futuro son cada día más halagüeñas a medida que las sanciones genocidas de los imperialistas son derrotadas.
Han pasado veinticinco años desde que Hugo Chávez iniciara la Revolución Bolivariana de Venezuela en febrero de 1999. Veinticinco años de gobiernos del PSUV (Partido Socialista Unido) trabajando para mejorar las condiciones económicas, sociales y culturales de las masas.
Veinticinco años de democracia participativa; de empoderamiento del pueblo para transformar la sociedad por la vía del socialismo. Veinticinco años durante los cuales el pueblo de Venezuela ha expresado claramente su apoyo al proceso bolivariano en 28 de un total de 30 oportunidades electorales.
Veinticinco años en los que el gobierno revolucionario ha derrotado los esfuerzos del imperialismo estadounidense y sus aliados por destruir este proceso mediante sanciones, un golpe de Estado fallido e incluso la creación de un falso gobierno “paralelo” (con un “presidente” alternativo autoproclamado para actuar como su cabeza visible).
Veinticinco años de guerra económica, incluyendo bloqueos genocidas, aislamiento forzado del mercado mundial y actos de asesinato, invasión y terrorismo. En resumen, 25 años de la Revolución Bolivariana defendiéndose firmemente contra la hostilidad abierta y la agresión incesante de los imperialistas y sus compradores en la oligarquía local.
Este mes de julio ha quedado claro que fuerzas poderosas siguen tratando de hacer añicos un modelo de gobierno que pretende beneficiar al pueblo de Venezuela y que ha sido elegido por él, tratando de sustituirlo por otro que facilite el saqueo de los recursos del país en beneficio de las corporaciones imperiales y su puñado de títeres locales superricos.
Durante las elecciones presidenciales, el futuro de la Revolución Bolivariana volvió a estar en juego. Pero el valiente pueblo de Venezuela ha aprendido muchas lecciones de los oscuros días de hiperinflación y “marimbas” en las calles. Han aprendido que cuando la oposición de extrema derecha, encabezada por títeres como Juan Guaidó y María Corina Machado, viajaba por todo el mundo pidiendo que se impusieran cada vez más sanciones a su propio pueblo, el presidente Nicolás Maduro y la dirección del PSUV nunca dejaron de trabajar para resolver los problemas creados por esa agresión económica, con el pueblo y para el pueblo.
Los últimos intentos del imperialismo estadounidense de provocar un cambio de régimen han demostrado una vez más la resistencia del pueblo venezolano y de su gobierno bolivariano. Su firme oposición a los intentos imperialistas de volver a convertir a Venezuela en una colonia sumisa se apoya en varios pilares importantes del proceso revolucionario, que actúan conjuntamente para permitir que el pueblo exprese su voluntad.
Los más importantes son: la democracia participativa; el protagonismo del PSUV; la unión entre las masas venezolanas las fuerzas armadas y policiales; el papel desempeñado por los países amigos; y el éxito del “Plan de la Patria 2019-25”.
Democracia participativa
Antes de 1998, la principal característica de la vida política en Venezuela era el papel de la clase dominante en la perpetuación de la subordinación colonial al imperialismo estadounidense, que beneficiaba en primer lugar a las multinacionales estadounidenses y en segundo lugar a una pequeña minoría de burgueses locales.
Conocido como la Cuarta República, este régimen presentaba una fachada de democracia basada en los valores liberales occidentales para los países dependientes, que mantenía a la masa del pueblo subdesarrollada, sin educación y al margen de la vida política.
La elección del comandante Hugo Chávez como presidente supuso un cambio cualitativo en la vida de los venezolanos, dando paso a una administración popular de tendencia socialista que pretendía fundar la república sobre unas bases totalmente nuevas. Con el nombre de “Revolución Bolivariana” (en honor al líder de la liberación anticolonial del siglo XIX Simón Bolívar), el Presidente Chávez anunció la intención de su gobierno de crear una democracia genuinamente participativa y de construir una sociedad independiente, autosuficiente, multiétnica y multicultural.
La Constitución bolivariana garantizó los derechos del pueblo a participar en la toma de decisiones introduciendo nuevos mecanismos de participación, como asambleas abiertas, referendos y la facultad de destituir a funcionarios del gobierno.
El deseo de construir un poder popular genuino en el país ha llevado a la creación de nuevos procesos de toma de decisiones que van mucho más allá de las prácticas establecidas de “representación” parlamentaria burguesa. Los nuevos tipos de parlamentos y elecciones se han complementado con otras formas de participación de las masas en la gestión de la sociedad. Los trabajadores están organizados en cooperativas, en empresas de producción gestionadas socialmente, en comunidades locales y consejos comunales, y a todos se les ha dado el poder de tomar el control sobre aspectos cada vez mayores de sus vidas y destinos.
La democracia participativa se establece como un derecho político constitucional en el artículo 62 de la Constitución Bolivariana de la siguiente manera: “La participación del pueblo en la formación, ejecución y control de la gestión de los asuntos públicos es la vía necesaria para lograr la participación que garantice su desarrollo integral, tanto individual como colectivo. Es obligación del Estado y deber de la sociedad facilitar la generación de condiciones óptimas para llevarla a la práctica.”
Los componentes básicos de la democracia participativa son los siguientes:
Referendos, que permiten al pueblo imponer su voluntad sobre las leyes vigentes y sobre quienes ocupan cargos públicos.
Consejos locales y comunales, que evalúan las propuestas de proyectos comunitarios y elaboran un plan municipal.
Controles de auditoría social, en virtud de los cuales los ciudadanos tienen derecho a solicitar una auditoría financiera y no financiera de cualquier cargo público.
Las asambleas de ciudadanos, que son órganos decisorios cuyas decisiones son vinculantes.
Participación de la sociedad civil en el gobierno.
Cooperativas.
A modo de ejemplo, el 25 de agosto se celebraron elecciones para seleccionar los proyectos prioritarios de 4.505 circuitos comunales, que comprenden 49.000 consejos comunales, con la participación de aproximadamente 1,5 millones de portavoces comunales.
Como subrayó el Presidente Chávez en su discurso “El golpe de Timón”, este modelo encarna el poder popular bajo el lema “Comuna o Nada”, y ha generado el verdadero cambio social que está en el corazón del proceso bolivariano, haciendo al país mucho más fuerte frente a los desafíos internos y externos.
El protagonismo del PSUV
La fuerza rectora de todos estos acontecimientos ha sido el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).
Lanzado por Hugo Chávez en 2006, el proceso de creación de este partido popular de masas contó con la participación de casi seis millones de aspirantes a militantes, convocados en miles de reuniones por todo el país. Incluyó la organización de “batallones socialistas” para debatir la reforma constitucional y la elección de 1.681 delegados al congreso fundacional del partido en marzo de 2008.
En este congreso, delegados que representaban a 1,2 millones de miembros activos adoptaron una plataforma definida como “democrática, antiimperialista y anticapitalista”, eligiendo a Hugo Chávez como presidente del partido.
Tras el congreso, comenzó el verdadero trabajo, ya que el partido se esforzó por aumentar la conciencia política y la participación social de obreros, campesinos, estudiantes y profesionales. Con distintos niveles de experiencia política y procedentes de diversos entornos sociales y culturales, los miembros del partido recibieron una formación básica en historia, economía y política, así como en las diferencias clave entre capitalismo y socialismo.
Los fundamentos ideológicos del PSUV se describen en el documento fundacional del partido, El Libro Rojo, que dice:
“El partido se esforzará por formar a sus militantes en ‘El árbol de las Tres Raíces’ -el pensamiento y la acción de Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora- y rescatará críticamente las experiencias históricas del socialismo, adoptando como guía el pensamiento y la acción de los revolucionarios y socialistas latinoamericanos y mundiales… que han contribuido a la lucha por la transformación social, por un mundo de equidad y justicia social…”.
“Se basará en los aportes del socialismo científico y del marxismo como filosofía de la praxis, herramienta para el análisis crítico de la realidad y guía para la acción revolucionaria. El socialismo bolivariano responderá a la praxis creadora, al libre ejercicio de la voluntad y los anhelos del pueblo venezolano. No será una “copia o réplica”, según la expresión de José Carlos Mariátegui, sino una “creación heroica”.
“Nuestro socialismo reconoce la diversidad de nuestros orígenes y valora las raíces indígenas, europeas y africanas que dieron origen a nuestra gran nación sudamericana. Incorpora la doctrina de Simón Bolívar, particularmente su visión antiimperialista y su propuesta sobre la necesidad de la unión de los países americanos, la lucha de Simón Rodríguez por una educación popular y liberadora para todos, y la lucha de Ezequiel Zamora por la propiedad social de la tierra, su enfrentamiento a los poderes oligárquicos y su programa de protección social. Asimismo, asume la unión cívico-militar como una de sus características fundamentales.”
Se crea un instituto de estudios socialistas, bautizado en honor de Simón Rodríguez (1769-1854), el filósofo mentor de Simón Bolívar (Sistema de Formación Socialista Simón Rodríguez), que imparte una educación socialista popular a los activistas y cuadros del partido.
Como han demostrado los últimos 25 años, la lucha contra el imperialismo y la construcción del socialismo no son tareas fáciles. Requieren una organización que ayude a la gente a luchar en condiciones adversas, que les permita comprender y ver a través de la propaganda de sus enemigos de clase, y que ayude a desarrollar a los trabajadores para que se conviertan en revolucionarios comprometidos.
En las comunidades, en las calles, en el campo, apoyando las políticas que hacen posible la Revolución Bolivariana, el PSUV ha desempeñado este vital papel de liderazgo. Al mismo tiempo, ha trabajado para construir una unidad más amplia con todos los sectores políticos y sociales alineados con el proyecto bolivariano a través de la conformación del Gran Polo Patriótico Simón Bolívar.
Unión entre el pueblo venezolano y sus fuerzas armadas
Tras las guerras de independencia de España del siglo XIX, las fuerzas armadas latinoamericanas se reorientaron hacia la defensa de los privilegios de los oligarcas alineados con el imperialismo y de los burgueses locales, un proceso que se reforzó e intensificó después de que Estados Unidos estableciera su “Escuela de las Américas” en 1946.
Dirigida por la CIA, esta tristemente célebre institución (rebautizada como Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en materia de Seguridad en 2001) formó a más de 60.000 oficiales militares para que trabajaran bajo la dirección de sus amos estadounidenses en la introducción de técnicas aprobadas de represión política, tortura, asesinato y control de “enemigos internos” (es decir, en la represión de comunistas y sindicalistas).
Desde el principio, el Presidente Chávez y la dirección bolivariana fueron conscientes de que la construcción de una sociedad socialista requeriría unas fuerzas armadas de otro tipo. Necesitarían construir un ejército que pudiera trabajar con el pueblo en defensa de la independencia y la soberanía del país; en defensa de la nueva constitución bolivariana; y en defensa de los recursos del país y del bienestar del pueblo. En esencia, necesitaban un ejército capaz de trabajar contra el imperialismo y a favor del pueblo.
Un golpe de estado fallido de las fuerzas apoyadas por el imperialismo en 2002 aceleró el proceso de esta transformación militar, que enfatizó la necesidad de un profesionalismo enraizado en ideales antiimperialistas y socialistas. La Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) resultante se construyó con una nueva clase de oficiales procedentes de los partidarios de la revolución y un nuevo alineamiento geopolítico. En lugar de someterse a las estructuras militares y a los intereses económicos de Estados Unidos, las nuevas fuerzas armadas trabajaron en cooperación con países socios, sobre todo con Rusia.
La unidad que Chávez soñó entre las fuerzas armadas y las masas se ha hecho realidad. Las FANB han contribuido en gran medida al éxito de muchos programas sociales, conocidos como “misiones bolivarianas”, y han defendido valientemente las instituciones democráticas y las fronteras del país frente a las conspiraciones de los agentes estadounidenses, a los que el pueblo se refiere como “lacayos imperiales”.
Siguiendo el plan trazado por el Comandante Chávez, la unión cívico-militar incorpora no sólo a los militares del país, sino también a la Policía Nacional Bolivariana. La nueva y patriótica PNB fue creada en 2009 como parte del proyecto bolivariano, y esta unión cívico-militar-policial fusiona así a todo el pueblo del país, con y sin uniforme, en la defensa de la soberanía y la seguridad interna frente al ataque imperialista.
El 5 de julio de 2024, en un desfile nacional que conmemoraba el 213 aniversario de la independencia de Venezuela, los soldados de las FANB, herederos de los pioneros revolucionarios venezolanos, coreaban mientras marchaban: “¡Somos socialistas, antiimperialistas y también chavistas!”. (¡No hace falta traducción!)
El papel de los países amigos: Irán, China, Rusia
Antes de la llegada de Hugo Chávez al poder, la relación de Irán con Venezuela se había circunscrito al marco de la Opec (Organización de Países Exportadores de Petróleo). Pero como consecuencia de la hostilidad de Estados Unidos hacia el proyecto bolivariano, el presidente Chávez realizó su primera visita oficial a Irán en 2001, con el objetivo de desarrollar una relación más significativa con un país productor de petróleo que había soportado décadas de hostilidad imperialista en todos los frentes: militar, económico, propagandístico y diplomático.
El fallido intento de golpe de Estado de 2002 contribuyó a acelerar este proceso. Bajo la dirección de los presidentes Mahmud Ahmadineyad y Chávez, la relación pasó a otro nivel, ya que empezaron a florecer lazos de todo tipo. Se produjeron decenas de visitas oficiales de alto nivel, se firmaron tratados comerciales bilaterales y se inició la cooperación en áreas como la exploración petrolífera y las industrias petroquímicas.
Tras la muerte del camarada Chávez, la cooperación continuó desarrollándose bajo el liderazgo del nuevo presidente Nicolás Maduro y sus homólogos iraníes, los presidentes Hasan Rohani (2013-21) y Ebrahim Raisi (2021-24). Los dos países se beneficiaron mutuamente de esta evolución de sus relaciones, especialmente ante el recrudecimiento de las sanciones económicas unilaterales por parte del régimen del presidente estadounidense Donald Trump.
Como señaló el presidente Raisi en agosto de 2021: “Irán y Venezuela tienen intereses y enemigos comunes… siempre hemos demostrado que, con resistencia y sabiduría, podemos desbaratar los complots de Estados Unidos y del imperialismo mundial.”
Por su parte, la República Popular China ha sido un socio clave de Venezuela desde el inicio de la Revolución Bolivariana. La cooperación comenzó a crecer significativamente en ese momento, y Chávez realizó seis viajes a Pekín durante su presidencia. En la última década, bajo el mandato del presidente Maduro, la cooperación se ha intensificado y ha visitado China en 11 ocasiones.
La relación China-Venezuela tiene una perspectiva a largo plazo, y se han firmado cientos de acuerdos en ámbitos tan diversos como la agricultura, el turismo, el petróleo y la tecnología. China siempre ha apoyado los esfuerzos de Venezuela por defenderse de la injerencia externa, y en 2023 la relación se elevó a la categoría de “asociación estratégica para todos los climas”.
Mientras que las asociaciones mencionadas han proporcionado oportunidades económicas vitales para un país al que Estados Unidos ha hecho todo lo posible por aplastar con una guerra económica, el aliado geopolítico más importante de Venezuela en todo momento ha sido Rusia.
La cooperación entre ambos países comenzó hace 20 años con el suministro de material militar por parte de Rusia, pero desde entonces la relación se ha desarrollado hasta abarcar muchas otras áreas de importancia económica y estratégica. En la actualidad, Venezuela tiene más de 300 proyectos conjuntos con Rusia en diversos campos, como la energía, las infraestructuras, la agricultura, la medicina, la educación y la cultura.
Durante su última visita a Caracas en febrero de 2024, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, elogió a Venezuela por su contribución al creciente orden multipolar y añadió: “Somos conscientes del interés de nuestros amigos venezolanos por acercarse al Brics. Como presidente de la asociación este año, Rusia contribuirá a ello”.
De hecho, las comisiones técnicas de ambos países están trabajando conjuntamente para una mayor asociación y Venezuela ha sido invitada a la esperada 16ª cumbre de los Brics, que tendrá lugar del 22 al 24 de octubre de 2024 en la ciudad oriental de Kazán.
El milagro de Venezuela
Estados Unidos, el más activo ejecutor de sanciones económicas unilaterales y extraterritoriales, lleva mucho tiempo utilizando la guerra económica para intentar destruir gobiernos u organizaciones que se interponen en su camino hacia el dominio mundial.
Estas medidas coercitivas han sido respaldadas por el poder del capital financiero europeo, que en la mayoría de los casos se ha alineado y ha cooperado en la aplicación de medidas destinadas a excluir a los organismos objetivo del acceso a los bancos y mercados mundiales. Ninguno de estos defensores de los “valores civilizados” se opone a la aplicación de una forma de castigo colectivo cuyo objetivo es someter por hambre a poblaciones enteras.
En 2015, el presidente estadounidense Barack Obama firmó la Orden Ejecutiva 13692, que declaraba a la República Bolivariana como una “amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”. A partir de ese momento, la guerra contra el pueblo venezolano se libró con renovada ferocidad.
Las instituciones financieras tomaron la iniciativa restringiendo el acceso al crédito internacional y cerrando las cuentas del banco central de Venezuela en el extranjero. Esto, a su vez, aumentó los tipos de interés de los préstamos internacionales de Venezuela, y los medios de comunicación corporativos respaldaron este ataque económico con una campaña local e internacional para demonizar al gobierno chavista y presentar todas las dificultades económicas como derivadas de la “incompetencia” y el “socialismo”.
Con las sanciones causando estragos y la caída de los precios de la energía en 2014, la industria petrolera de Venezuela, la principal fuente de ingresos del país, se vino abajo, lo que provocó el colapso casi total de la economía. La inflación anual alcanzó el 63.000% en 2018, el producto interior bruto (PIB) del país disminuyó precipitadamente y, dado que Venezuela dependía en gran medida de las importaciones para alimentar a su población (ahora cortadas por las sanciones de Estados Unidos), esto condujo inevitablemente a una escasez drástica.
El impacto mortal de las sanciones coercitivas de Estados Unidos provocó 100.000 muertes innecesarias, el 22% de ellas de niños menores de cinco años, y dejó a más de 300.000 pacientes sin acceso a una atención médica adecuada. Esto, a su vez, provocó una migración sin precedentes de venezolanos, muchos de ellos médicos, enfermeras y profesores. (Véase Venezuelanalysis, Una guerra sin bombas, septiembre de 2023, para un relato vívido del impacto de las sanciones estadounidenses).
Hoy, tras años de inflación de tres dígitos, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha informado de que se espera que la inflación baje al 30 por ciento en 2024. También prevé que la demanda agregada nacional crezca un 3,2%, con aumentos del consumo privado (2,5%), el gasto público (6,2%) y la formación de capital (14,9%). Incluso el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha reconocido el éxito de las políticas económicas venezolanas, proyectando un aumento del PIB del 4,2 por ciento en 2024.
Algunos comentaristas financieros hablan de un “milagro venezolano”, pero la realidad es bien distinta. Estas mejoras económicas, a pesar de la continua presión de las sanciones genocidas, son el resultado de la exitosa implementación de un plan integral para diversificar la economía, el ‘Plan de la Patria 2019-25’.
Este plan se propuso en 2018, durante el punto álgido de los problemas de Venezuela, y se elaboró con el apoyo y la experiencia de Irán, China y Rusia. Una característica realmente revolucionaria del plan tiene ecos de la planificación socialista: 3,4 millones de personas debatieron sus detalles en más de 34.000 reuniones públicas, profundizando y desarrollando nuevas formas de una incipiente democracia participativa a medida que las masas se unían al esperanzador y empoderador proceso de planificar su propio futuro.
El plan esbozaba cinco objetivos principales:
- Defender, ampliar y consolidar ese bien tan preciado: la independencia nacional.
- Seguir construyendo el socialismo bolivariano del siglo XXI en Venezuela, como alternativa al modelo salvaje del capitalismo, garantizando el mayor nivel de seguridad social, estabilidad política y felicidad para el pueblo.
- Convertir a Venezuela en un país social, económica y políticamente poderoso, entre las otras grandes potencias emergentes de América Latina y el Caribe, garantizando así la formación de una zona de paz en Nuestra América.
- Contribuir al desarrollo de un nuevo orden internacional, ayudando a configurar un mundo multicéntrico y multipolar y a garantizar la paz.
- Contribuir a la preservación de la vida en el planeta.
En lugar de ser un documento genérico y farragoso destinado únicamente a la estantería, el Plan de la Patria era un plan para la acción. A partir de los cinco objetivos generales enumerados anteriormente, se elaboraron 32 grandes objetivos nacionales, que se desglosaron a su vez en 173 objetivos estratégicos detallados. En el nivel más granular, se identificaron 731 actividades genéricas y 1.859 específicas concretas, que debían ser llevadas a cabo por el pueblo venezolano y en su beneficio.
Las principales medidas del programa de recuperación económica fueron:
1. El estímulo a la producción nacional para lograr la autosuficiencia alimentaria a través de un sistema de créditos y financiamiento para diversificar e incrementar la producción. Esta acción ha sido tan exitosa que hoy el 96% de los alimentos que se consumen en Venezuela son de producción nacional.
2. Un aumento de los ingresos fiscales. En efecto, la mejora de la economía ha supuesto un incremento interanual del 100% entre el primer semestre de 2023 y el mismo periodo de 2024.
3. El impulso de las exportaciones no tradicionales, que se logrará mediante medidas fiscales y crediticias para diversificar la base comercial del país y disminuir su dependencia del petróleo.
4. Apoyo a los emprendedores. El gobierno ha ampliado las oportunidades de inversión en proyectos de diferente tamaño y alcance, con el objetivo de desarrollar el emprendimiento nacional en Venezuela (se estima que el número de nuevos emprendedores asciende a un millón, y se han registrado 60.000 nuevas marcas de productos de producción local desde 2018).
Mediante la implementación de este plan, el gobierno ha logrado reducir drásticamente la inflación (en el período junio-agosto de 2024, la inflación mensual fue de 1 por ciento, 0,7 por ciento y 1,4 por ciento), ha fortalecido el valor del bolívar local frente al dólar y ha reportado 12 trimestres consecutivos de crecimiento económico, reportando este año un crecimiento trimestral de 8,4 por ciento (primer trimestre) y 8,7 por ciento (segundo trimestre). Como resultado, el Gobierno estima que el PIB crecerá en torno al 8 por ciento durante todo el año 2024.
Si tenemos en cuenta que estas cifras se han logrado en medio de una crisis económica mundial y en condiciones de guerra económica extrema, podemos ver el gigantesco paso adelante que realmente representan. Por el contrario, incluso las evaluaciones más optimistas de los resultados económicos del Reino Unido en 2023 sitúan el crecimiento del PIB en no más del 0,3%, cuando lo cierto es que la economía se encuentra en realidad en una profunda recesión y las cifras oficiales muy maquilladas para evitar tener que admitir este hecho.
Aunque es evidente que aún quedan muchos retos por superar en Venezuela y que el proceso revolucionario dista mucho de haberse completado, está claro que el gobierno chavista del PSUV sigue estando orientado al pueblo y es de tendencia socialista, y que los firmes valores antiimperialistas están en el centro de todo lo que hace tanto en el ámbito nacional como en la escena mundial.
Felicitamos al pueblo venezolano por haber defendido su soberanía durante 25 años y le deseamos éxito en la consecución de sus objetivos de paz, prosperidad y socialismo en el próximo cuarto de siglo.
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