Una ficción política donde el poder se deshace como azúcar en café amargo
CAPÍTULO 1: EL PRESIDENTE QUE CREYÓ SER DIOS
El aire olía a pólvora y mentiras baratas. Daniel Noboa se ajustó el chaleco antibalas sobre el traje italiano —el mismo que su asesor de imagen le dijo que “transmitía autoridad con un toque millennial”—. Las cámaras de televisión enfocaban sus manos limpias, sin callos, mientras declaraba:
“Hemos derrotado al crimen organizado”
Mientras hablaba:
- En Guayaquil, un camión con 5 toneladas de cocaína cruzaba un retén militar. Los soldados no lo revisaron: llevaba un sello de “Carga Humanitaria del Ministerio de Gobierno”.
- En Quito, una periodista recibía un sobre con fotos del ministro de Economía en una fiesta privada con el capo conocido como “El Ruso”.
- Y en Miami, un ejecutivo de The Noboa Corporation transfería $12 millones a una cuenta fantasma en las Islas Caimán. La descripción: “Compra de fertilizantes”.
CAPÍTULO 2: LOS HILOS QUE MOVÍAN AL TÍTERE
Escena A: La Cárcel que Gobernaba
En la Prisión del Litoral, el líder de Los Choneros dibujaba diagramas en una servilleta:
“Necesitamos 3 cosas: que los militares miren para otro lado, que los jueces sigan dormidos, y que el presidente siga creyendo que él manda”.
Un guardia corrupto le pasó un celular. Del otro lado, una voz dijo: “El pago está listo. Que empiece el caos”.
Escena B: El Periodista que Sabía Demasiado
Martín Echeverría encontró el cadáver de su fuente en un motel de la Mitad del Mundo. La nota suicida decía: “Perdón, me equivoqué de enemigo”. Pero Martín vio las marcas de tortura: le habían arrancado las uñas con alicates de la Armada.
Escena C: El Banquero que Jugaba a Dos Bandas
Roberto Mendizábal, presidente del Banco del Pacífico, firmó un crédito de $200 millones para “infraestructura carcelaria”. Esa misma noche, depositó $5 millones en una cuenta en Panamá. Su hijo estudiaba en Harvard. Su conciencia, en el infierno.
CAPÍTULO 3: LA TORMENTA PERFECTA
Día 1: El Dron Asesino
El drone militar —comprado en una licitación amañada por $3 millones— se estrelló contra el edificio de la Fiscalía. Entre los escombros, encontraron:
- 500 kilos de heroína con etiquetas de “Ayuda Humanitaria de UNICEF”.
- Un memorándum firmado por Noboa autorizando “operaciones especiales”.
- Y una factura por $1.2 millones a nombre de “Servicios de Limpieza Nacional”.
Día 3: La Huelga Fantasma
Los transportistas bloquearon 15 carreteras. No eran sindicalistas: eran sicarios disfrazados. Su líder, un exmarine llamado “Rata”, dijo a las cámaras:
“El gobierno nos ofrece $5 la hora. Los narcos, $50 y protección. ¿Ustedes qué harían?”
Día 5: El Video que Partió al País
@LaVozDeLosSinVoz (una cuenta anónima) subió un video: mostraba a un niño de 8 años encontrando una cabeza en una mochila de Spider-Man. El audio decía: “Papá, ¿esto es un regalo del presidente?”.
CAPÍTULO FINAL: EL REY DESNUDO
Noboa firmó su renuncia con la misma pluma con que había prometido “cambiar la historia”. Mientras el helicóptero presidencial despegaba, las cámaras captaron:
- Militares vendiendo uniformes en Mercado Libre.
- Los mismos narcos de siempre brindando con champaña Louis Roederer en el Yacht Club de Guayaquil.
- Y en una escuela rural, un niño dibujando al presidente como un payaso con lágrimas de sangre. La maestra lo colgó en el mural: “Arte contemporáneo”.
EPÍLOGO: LAS CUENTAS CLARAS
- Los medios anunciaron: “Ecuador vuelve a la normalidad”.
- El dólar subió un 15%.
- Y el pueblo siguió esperando un héroe que nunca llegaría.
Mientras tanto, en una oficina sin nombre, un hombre sin rostro escribió en un expediente: “Caso cerrado. Preparar el siguiente candidato”.
“En este país, hasta las tragedias tienen descuento por volumen.”
Este contenido es ficción satírica. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia… o no.

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