Solidariogb | Opinión | Kari krenn
Vengo desde la orilla de esta, mi tierra argentina, con mi indignación que no es un concepto abstracto: es un nudo de asco en mi garganta.
Créanme…
Ver cómo la silla de Venezuela en la Asamblea de la ONU permaneció vacía mientras se votaba por la vida de Cuba, me duele en el alma y debería doler en el alma de nuestra América toda.
Y que no me salgan ahora aquí algunos, los justificadores de turno, con el reglamento en la mano…
Sí.
Ya sabemos que Venezuela tenía restringido el voto electrónico por el Artículo 19.
PERO ESO NO ES UNA MORDAZA!
Estar sancionado técnicamente para votar, no les anula el derecho de palabra, ni la presencia, ni la dignidad de estar ahí.
Los venezolanos tenían la tribuna libre para hablar, para denunciar el bloqueo, para defender a Cuba y romper el cerco mediático… pero eligieron la ausencia.
Quienes trabajamos con la palabra, sabemos con certeza la fuerza, el impacto y el poder que tiene!
Por qué no hablaron?
Ningún artículo 19 frenaba su palabra!
Ese silencio de ellos en la ONU, no fue diplomacia…
Ni fue prudencia…
Ni fue realismo…
Fue y es, la autopsia de una épica.
Es la bajeza de quienes ayer levantaban el puño arengando por los pueblos y hoy bajan la cabeza ante su amo.
Y me sabrán disculpar mis lectores por tanta franqueza… pero la historia es la que muestra las verdades:
Venezuela tiene el veneno de la traición corriendo por sus venas políticas.
Un pecado original que se les repite como una maldición cíclica.
Relean la historia…
Regresen a los libros…
No miento:
En 1830, José Antonio Páez le dio la espalda al Libertador Bolívar, dejándolo morir en la soledad de Santa Marta, fragmentando el sueño de la Patria Grande por el apetito ciego de las haciendas…
Un siglo y medio después, los civiles del Pacto de Punto Fijo, se repartieron la renta petrolera como si fuera un botín de guerra, traicionando al pueblo que los sacó de la miseria para convertirlos en los nuevos mantuanos…
Siempre ha sido lo mismo: la élite traicionando al ideal por el oro de la metrópoli.
Y hoy, el ciclo histórico se les vuelve a cerrar con esta obscenidad sin precedentes.
SÍ!
OBSCENIDAD!
Esos que juraban sobre la espada de los libertadores que nunca se arrodillarían ante el imperio, son los mismos que ahora negocian en los despachos de Washington.
Delcy y su camarilla no son simples oportunistas:
SON LA ENCARNACIÓN DE LA BAJEZA CRIOLLA!
Son los nuevos Páez, los nuevos mantuanos, pero con la cínica ventaja de haber usado la retórica de los oprimidos para llegar a la mesa de los verdugos.
No cayeron en combate, se vendieron por un plato de lentejas y una silla en el club de los vencedores.
Son cadáveres ideológicos caminando, almas que cambiaron la estrella roja por el billete verde.
Y los chavistas entre mis contactos… ¿dónde están?
¿Dónde alzan sus voces exigiendo respuestas, reclamando por sus hermanos cubanos?
He tratado de leerlos pero ni uno solo me he cruzado por esta jungla virtual hablando alto y claro, explicando esa silla vacía en la ONU…
El silencio venezolano, paradójicamente, me está retumbando en todos lados.
Y lo más doloroso es que no siempre fue así: hace apenas un año atrás, en la votación de la ONU de 2025, bajo la presidencia de Maduro (ese presidente de Venezuela que está preso y que Delcy ni pidió visitarlo cuando fue a arrastrarse ante Trump), fue el embajador Samuel Moncada quien tomó la palabra y defendió a Cuba con una contundencia que hoy parece de otro planeta.
El embajador venezolano Moncada no titubeó en el 2025, cuando calificó al bloqueo como un “acto de guerra económica que busca rendir por hambre, enfermedad y muerte a un pueblo entero”.
Tampoco le tembló el pulso, cuando denunció las pérdidas de más de 5.000 millones de dólares anuales y lanzó al aire la frase que debería grabarse a fuego en la memoria de los traidores de hoy: “Mientras algunos envían bombas y armamento, Cuba envía médicos, y por eso la atacan”.
Menos que menos trastabilló, cuando exigió sacar a Cuba de la lista infame de patrocinadores del terrorismo y cerró diciendo que votar por la isla era “votar por la justicia, la paz y la vida”.
ESO DIJO VENEZUELA, REPRESENTADA POR EL EMBAJADOR SAMUEL MONCADA EN LA ONU, HACE SÓLO UN AÑO ATRÁS, CUANDO TODAVÍA VENEZUELA TENÍA ALMA Y ERA UNA PATRIA DIGNA!
Hoy Venezuela, bajo la tutela yankee, gracias a la servil de Delcy, esa misma Venezuela se ha tragado la lengua…
Lo que el embajador Moncada defendió con el pecho abierto en 2025, la camarilla ladina y rastrera de 2026 lo entregó con la frente baja.
Cuba… esa isla digna que ha dado su sangre en las arenas de Angola y su aliento en los barrios más pobres de este continente y del mundo… fue dejada SOLA por los venezolanos.
Y aunque Cuba dignamente no lo diga, yo no soy Cuba y yo no me callo.
Porque duele!
Me duele la rabia de ver que esos que antes llenaban las plazas gritando consignas contra el bloqueo, hoy se quedan en casa, mudos, tragándose la vergüenza.
No salen a defender a la patria hermana que los sostuvo cuando el mundo los atacaba.
Porque permítanme decirles, que la traición no solo es el acto de entregar al líder: la traición más profunda, la más rastrera, la más vil, es la cobardía de abandonar en la tormenta, al hermano que siempre fue solidario.
Desde Argentina, tierra que también conoce el sabor amargo de los vendepatrias que remataron nuestra dignidad, mirar este espectáculo de esa silla vacía en la ONU, me generó un desprecio visceral.
No es solo una decepción política.
Para mí, es asco moral!
Es observar cómo la miseria humana de Venezuela, se disfrazó de pragmatismo en la ONU.
Ellos actualmente son eso: mercaderes que profanaron el templo, burócratas del miedo que prefirieron la comodidad de la sumisión, al frío de la dignidad.
Que se pudran entonces en su propia bajeza.
La historia en sus anales, seguirá registrando sus traiciones…
Cuba seguirá siendo el faro, tallado en la roca de su historia, mientras que los traidores de Caracas quedarán en los libros como la nota al pie de la cobardía.
Sepa Venezuela, que el imperio no necesitó invadirlos…
Ustedes mismos abrieron las puertas de par en par y se entregaron sin la mínima resistencia, demostrando al mundo que el verdadero bloqueo no era el de sus barcos, sino el de sus propias conciencias.
TRAIDORES.
Y BIEN!
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