El Petróleo y el Fusil: El Imperialismo Yanqui contra la Revolución Venezolana y la Crisis del Reformismo Antiimperialista

19 de mayo 2026 | Por Eduardo Salgado Reyes


El Imperialismo contra el Socialismo: Venezuela como Frente de la Lucha de Clases Mundial


Resumen Ejecutivo

La agresión estadounidense contra Venezuela (2017-2026) no es una disputa diplomática por recursos naturales, sino un episodio de la lucha entre dos sistemas mundiales antagonistas: el imperialismo capitalista monopolista de Estado, encabezado por Estados Unidos, y el campo socialista y antiimperialista, del cual Venezuela —con su economía petrolera estatal, su resistencia al bloqueo y su alianza con potencias anti-hegemónicas— constituye un perímetro defensivo imperfecto pero real. La captura de Nicolás Maduro (enero 2026) y la deportación de Alex Saab Morán (mayo 2026) representan triunfos tácticos del imperialismo en su ofensiva global contra el socialismo, que busca cerrar toda brecha donde el capital monopolista no controle absolutamente los recursos estratégicos y la dirección política. El presente análisis demuestra que solo la revolución socialista bajo dirección del proletariado, la dictadura del proletariado y el internacionalismo proletario ofrecen salida histórica.


1. Marco Teórico: El Imperialismo y la Lucha de Clases a Escala Mundial

Lenin demostró en El Imperialismo, fase superior del capitalismo (1916) que el capitalismo monopolista de Estado constituye la etapa final del sistema capitalista, caracterizada por la exportación de capitales, la división del mundo entre alianzas de monopolios y la lucha por el reparto territorial. Stalin desarrolló posteriormente que la época histórica actual es la de la lucha entre el socialismo triunfante en un país y el capitalismo mundial, y que esta lucha se expresa en la coexistencia pacífica como forma de lucha de clases.

La correlación de fuerzas entre el imperialismo y el socialismo a nivel mundial se expresa hoy así:

Campo ImperialistaCampo Socialista y Antiimperialista
Estados Unidos (hegemón financiero-militar)China (economía planificada socialista con elementos de mercado controlados)
OTAN (aparato militar de agresión)Rusia (Estado post-soviético con contradicciones, pero intereses anti-OTAN)
FMI, Banco Mundial, SWIFT (aparatos de dominación financiera)BRICS, AIIB, mecanismos de pago alternativos (ruptura parcial con el dólar)
Colombia, Argentina, Chile (regímenes títeres en América Latina)Cuba, Nicaragua, Venezuela (Estados antiimperialistas con economías estatales mixtas)

Venezuela ocupa una posición estratégica en esta correlación: posee las reservas petroleras probadas más grandes del planeta (303 mil millones de barriles), el Arco Minero del Orinoco (oro, coltán, diamantes, gas estratégicos), y una geopolítica caribeña que controla rutas marítimas vitales. Su economía, aunque deformada por la dependencia tecnológica y la burocracia estatal, mantenía sectores clave bajo propiedad estatal: PDVSA, el Banco Central, la distribución de alimentos Clap. Esto no es socialismo puro —la propiedad estatal no equivale a propiedad socialista sin control obrero— pero constituye una obstrucción al capital monopolista yanqui, que exige la privatización total como condición para “normalizar” las relaciones.

La agresión de 2017-2026, por tanto, no busca solo “cambio de régimen” en el sentido liberal; busca eliminación de un obstáculo sistémico en la ofensiva imperialista contra el campo socialista. El reconocimiento de Guaidó, el bloqueo financiero, la captura de Maduro, son operaciones de la guerra de clases a escala planetaria.


2. Las Sanciones como Guerra Económica de Exterminio de Clase

El bloqueo económico contra Venezuela no es una “política de presión”; es guerra económica de exterminio de clase, comparable al bloqueo contra Cuba (1960-presente) o contra la URSS (1918-1924). Sus objetivos estratégicos son:

  • Destrucción de la economía estatal: Impidiendo que PDVSA importe diluyentes, repuestos y tecnología, el imperialismo paraliza la producción petrolera, generando caos económico que culpabiliza al “socialismo”.
  • Provocación de éxodo masivo: 7 millones de venezolanos emigrados (2015-2025) no son “crisis humanitaria” espontánea; son arma demográfica del imperialismo para desestabilizar Colombia, Perú, Chile y generar justificación para “intervención humanitaria”.
  • Aislamiento diplomático: El reconocimiento de Guaidó por 50 países (2019) no fue “apoyo a la democracia”; fue repartición diplomática del mundo al estilo de la Sociedad de Naciones contra la URSS en los años 20.
  • Secuestro de activos estratégicos: El oro en el Banco de Inglaterra (30 toneladas), Citgo (refinería en Texas), cuentas en SWIFT, son expropiaciones imperialistas directas del plusproducto nacional, transferidos al capital financiero yanqui.

La superexplotación se acelera por el bloqueo: los salarios reales caen 95% (2017-2021), la inflación alcanza 1.000.000%, la mortalidad infantil se dispara. Esto no es “mala gestión chavista”; es depreciación forzada del valor de la fuerza de trabajo como mecanismo de transferencia de plusvalía. El imperialismo no solo quiere el petróleo; quiere destruir la capacidad de resistencia de las masas mediante el hambre, para luego instalar un régimen títere que privatice todo.


3. El Caso Alex Saab: Colaboracionismo de Clase en el Campo Antiimperialista

La trayectoria de Alex Saab Morán ilustra la penetración del colaboracionismo de clase en el aparato estatal antiimperialista. Saab no era un “empresario independiente”; era un agente de la acumulación primitiva parasitaria que operaba dentro del chavismo, extrayendo rentas del Estado mientras simulaba lealtad antiimperialista.

3.1 Saab como Tipo Social del Colaboracionismo

Desde 2011, Saab triangulaba alimentos importados (Clap), construía viviendas sobrevaloradas, y operaba como intermediario entre el capital monopolista extranjero y el Estado venezolano. Su función era doble: por un lado, mantener flujos de importación que el bloqueo dificultaba; por otro, extraer sobreprecios que transferían plusvalía de las masas a su propio bolsillo y al de la burocracia estatal corrupta. Esto es típico de la burguesía burocrática que emerge en Estados antiimperialistas débiles: no rompe con el mercado mundial capitalista, sino que se inserta parasitariamente en sus intersticios, convirtiendo la escasez en negocio privado.

3.2 El Canje de 2023: Intercambio Inter-Burgués que Traicionó al Proletariado

El canje de diciembre de 2023 —Saab por 10 estadounidenses, “Fat Leonard” y 20 presos políticos— fue presentado por el chavismo como “victoria diplomática”. En realidad, fue una rendición de clase disfrazada de astucia. EE.UU. recuperó agentes de inteligencia y ejecutivos petroleros (representantes directos del capital monopolista); Venezuela recuperó a un intermediario parasitario. Las masas no obtuvieron levantamiento de sanciones, acceso a medicinas, ni aumento salarial. El canje profundizó la integración de la burguesía colaboracionista en el Estado: Saab fue nombrado ministro de Industria (2024), fusionando el aparato productivo nacional con los intereses de la acumulación privada.

Desde la óptica de la correlación de fuerzas imperialismo-socialismo, este canje fue negativo para el campo antiimperialista: demostró al imperialismo que el chavismo negocia principios de clase, que su “resistencia” es negociable, y que la burocracia estatal prioriza la supervivencia de sus intermediarios sobre la defensa del proletariado.

3.3 La Deportación de 2026: Colapso del Colaboracionismo sin Base de Masas

La captura de Maduro (enero 2026) y la posterior deportación de Saab (mayo 2026) confirman una ley histórica: la burguesía colaboracionista no tiene patria ni lealtad de clase. Cuando el chavismo mantenía una base de masas —aunque deformada por el bonapartismo—, Saab era “diplomático”, ministro, intocable. Cuando el imperialismo derrocó a Maduro e instaló un régimen títere encabezado por Delcy Rodríguez, Saab se convirtió en “delincuente migratorio” deportable. El SAIME justificó la medida como “cumplimiento de legislación migratoria”, pero la realidad es que la burguesía colaboracionista sirve al poder que pague más. Primero sirvió al chavismo rentista; luego, al imperialismo victorioso.

Esto no es “traición individual”; es lógica de clase de la burguesía compradora. El proletariado venezolano debe extraer la lección: no puede confiar en intermediarios burgueses, ni siquiera los que operan dentro del Estado antiimperialista. La defensa del socialismo requiere purga de colaboracionistas y control obrero directo de la producción.


4. La Caída de Maduro y la Ofensiva Imperialista contra el Socialismo

La captura de Maduro por fuerzas estadounidenses (3 de enero de 2026) no es un evento aislado. Es parte de una ofensiva sistémica del imperialismo contra los bastiones antiimperialistas restantes:

  • 2022: Invasión de Ucrania (ataque indirecto a Rusia, proveedor de armamento y aliado de Venezuela).
  • 2024: Golpe institucional en Bolivia (derrocamiento del MAS); intento de desestabilización en Nicaragua.
  • 2025: Intensificación del bloqueo contra Cuba; sanciones a empresas chinas que operan en Venezuela.
  • 2026: Captura de Maduro; entrega de Saab; negociaciones para privatización de PDVSA con Chevron y ExxonMobil.

Esta ofensiva responde a la crisis estructural del capitalismo monopolista: la sobreacumulación de capital, la caída de la tasa de ganancia, y la competencia de los súper poderes (EE.UU. vs. China) por el control de materias primas. Venezuela no es “otro país más” a saquear; es el eslabón estratégico que, de caer, abre el Caribe y el norte de Sudamérica a la dominación total del capital yanqui, aislando a Cuba y debilitando el eje de resistencia latinoamericano.

El imperialismo no odia a Maduro por “dictador” o “corrupto” —aliados como Bukele (El Salvador), Milei (Argentina) o Petro (Colombia) son igualmente autoritarios y corruptos—. Lo odia porque representa, aunque de forma deformada, la negativa a entregar el petróleo y el coltán al capital monopolista yanqui. La captura de Maduro es, en esencia, la misma operación que el golpe contra Allende (1973) o la invasión de Granada (1983): eliminar un espacio donde el socialismo —aunque imperfecto— demuestra que existe alternativa al capitalismo.


5. La Tarea de los Comunistas: Destrucción del Régimen Capitalista y Constitución del Poder Comunal

La caída del régimen de Maduro no significa la derrota del socialismo; significa la derrota de una variante bonapartista deformada que intentó conciliar capitalismo y antiimperialismo sin ruptura revolucionaria con la propiedad privada. La tarea de los comunistas venezolanos e internacionalistas es clara:

  1. Destrucción del régimen capitalista y constitución del poder de las comunas/soviets: El gobierno de Delcy Rodríguez no es una “transición democrática”, sino la dictadura abierta de la burguesía compradora y el capital monopolista extranjero, instalada por la agresión militar imperialista para completar la privatización de PDVSA, el Arco Minero y la banca estatal. Su función de clase es liquidar los restos de la propiedad estatal antiimperialista y convertir a Venezuela en protectorado productor de materias primas para el capital yanqui. La tarea inmediata del proletariado no es “rechazarlo” desde la legalidad burguesa, sino preparar y ejecutar la liberación nacional bajo dirección de los partidos comunistas, con el apoyo de los campesinos pobres y las capas semi-proletarias urbanas, para destruir el aparato estatal títere y sustituirlo por consejos obreros, campesinos y soldados como órganos de poder estatal proletario. Las huelgas generales y el boicot a la producción para las transnacionales son formas auxiliares de agitación, subordinadas a la estrategia central: la guerra popular prolongada que, desde el campo y las periferias urbanas, cercle las ciudades, desarticule las fuerzas armadas ocupantes y sus colaboradores, y establezca la dictadura del proletariado como única forma de poder capaz de resistir el imperialismo y construir el socialismo.
  2. Defensa de los sectores estatales restantes: PDVSA, el oro del Banco Central, el Arco Minero, no deben ser privatizados. Su defensa no es defensa del “chavismo”, sino defensa de los medios de producción contra el capital monopolista extranjero. Esta defensa debe estar bajo control obrero, no burocrático.
  3. Construcción de comunales/soviets obreros y campesinos: La única forma de resistencia que no degenera en colaboracionismo es la autogestión directa de las masas. Los consejos de fábrica, los comités de barrio, las milicias campesinas, deben sustituir al aparato estatal burgués —tanto el chavista caído como el títere actual.
  4. Internacionalismo proletario incondicional: La revolución venezolana solo puede triunfar como parte de la revolución mundial contra el imperialismo. Solidaridad con Cuba (bloqueada), con Palestina (ocupada), con los trabajadores chinos y rusos (explotados por sus propias oligarquías), con el proletariado yanqui (engañado por el chauvinismo imperialista). No alianzas inter-estatales con “potencias anti-EE.UU.”, sino solidaridad de clase con los pueblos oprimidos de todo el planeta.
  5. Lucha por la dictadura del proletariado: No “democracia pluralista” que reconozca a los partidos burgueses; no “frente amplio” con la burguesía nacional. La única salida es el poder exclusivo del proletariado organizado en soviets, la socialización de los medios de producción, la planificación centralizada bajo control obrero, y la represión revolucionaria contra la burguesía compradora y el imperialismo.

6. Conclusión: La Guerra Continúa

La captura de Maduro y la entrega de Saab son batallas perdidas, no la guerra. El imperialismo yanqui ha ganado terreno táctico en Venezuela, pero la correlación de fuerzas mundial sigue siendo contradictoria: China crece económicamente a pesar de la guerra comercial; Rusia resiste en Ucrania; Cuba sobrevive 65 años de bloqueo; el proletariado mundial —desde Gaza hasta Detroit— desarrolla conciencia antiimperialista.

La lección del caso venezolano es que el socialismo no puede construirse mediante bonapartismo rentista, burocracia parasitaria y colaboracionismo de clase. El chavismo cayó no porque resistiera al imperialismo, sino porque resistió de forma deformada, sin romper con el capitalismo, sin socializar la producción, sin confiar en las masas. Su caída es una advertencia histórica: la mitad del camino es peor que no empezar; el reformismo antiimperialista alimenta la ilusión para luego entregarla.

La única salida es la revolución socialista: dictadura del proletariado en Venezuela, extensión de la revolución a Colombia, Brasil y México, unión con el proletariado norteamericano para derrocar al imperialismo desde adentro, y construcción del socialismo mundial. No hay tercera vía. No hay “resistencia nacionalista” sin socialismo. No hay socialismo sin internacionalismo proletario.

¡Proletarios de todos los países, uníos!


Referencias

  • Lenin, V.I. (1916). El Imperialismo, fase superior del capitalismo. Petrogrado.
  • Lenin, V.I. (1920). La enfermedad infantil del comunismo: el izquierdismo. Moscú.
  • Stalin, J.V. (1924). Los fundamentos del leninismo. Moscú.
  • Stalin, J.V. (1952). La cuestión económica del socialismo en la URSS. Moscú.
  • Marini, R.M. (1973). Dialéctica de la Dependencia. México DF: ERA.
  • Mandel, E. (1972). El Capitalismo Tardío. Madrid: Siglo XXI.
  • Informes de la ONU y CIDH sobre efectos de sanciones coercitivas unilaterales en Venezuela (2020-2024).
  • Comunicado del SAIME, 16 de mayo de 2026, sobre deportación de Alex Saab Morán.
  • Casa Blanca, 20 de diciembre de 2023, acuerdo de intercambio de prisioneros.

Nota final: Este artículo es un análisis de clase y de correlación de fuerzas mundial: evalúa la agresión imperialista contra Venezuela no como incidente diplomático, sino como frente de la guerra entre el capitalismo monopolista y el socialismo. Rechaza explícitamente el trotskismo y su teoría revisionista de la “revolución permanente”, condenada por el movimiento comunista internacional. La evidencia muestra que el imperialismo no retrocede ante concesiones nacionales; solo la revolución socialista, la dictadura del proletariado y el internacionalismo proletario pueden derrotarlo. La caída del chavismo es lección, no sentencia: demuestra que el reformismo antiimperialista es callejón sin salida, y que solo el socialismo revolucionario ofrece perspectiva histórica.



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Published by EduardoSalgado

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