Negociación Bajo Coerción: ¿Ceder al “Bully” Reduce la Agresión?

19 May 2026 | Editorial


Análisis del Caso Estados Unidos – Venezuela

Resumen Ejecutivo

El presente artículo analiza, desde la teoría de juegos y la evidencia histórica, si una nación pequeña sometida a presión coercitiva por parte de una gran potencia puede lograr que ésta “retroceda” mediante concesiones negociadas. Tomando como estudio de caso la relación entre Estados Unidos (agresor) y Venezuela (víctima) –con un historial de sanciones económicas, bloqueo financiero, intentos de cambio de régimen y amenazas militares implícitas– se concluye que ceder ante un agresor revisionista no produce un retroceso estable, sino que típicamente alimenta nuevas demandas. No obstante, se identifican excepciones tácticas cuando la nación pequeña negocia desde alianzas externas o para ganar tiempo. El caso Alex Saab Morán (2020-2026) ilustra tanto la validez de esta tesis como su límite: la contra-disuasión funciona mientras perdura la soberanía efectiva.


1. Marco Teórico: El “Bully Nacional” en Relaciones Internacionales

Un “bully nacional” se define como un Estado que emplea poder asimétrico –económico, militar o diplomático– para forzar a otro a actuar contra sus intereses, sin intención de alcanzar un equilibrio cooperativo. En estos casos, el objetivo no es un acuerdo mutuamente beneficioso, sino la subordinación o cambio de régimen del país débil.

La experiencia histórica (Alemania–Checoslovaquia 1938, Rusia–Ucrania 2014-2022, Estados Unidos–Cuba desde 1960) muestra que las concesiones unilaterales no generan desescalada, sino apaciguamiento contraproducente: el agresor interpreta la flexibilidad como debilidad y eleva sus exigencias.


2. El Caso Específico: Estados Unidos contra Venezuela

Desde 2017, Estados Unidos ha impuesto un creciente paquete de sanciones y medidas coercitivas contra Venezuela, incluyendo:

  • Bloqueo financiero: Prohibición de transacciones en dólares con el gobierno venezolano, congelamiento de activos (incluyendo Citgo), veto al acceso a mercados internacionales de deuda.
  • Sanciones sectoriales: Contra la industria petrolera (PDVSA), el sector minero y el bancario.
  • Medidas diplomáticas: Reconocimiento de un presidente interino opositor (Juan Guaidó) como legítimo, impulso de aislacionismo regional.
  • Amenazas militares implícitas: Declaraciones de funcionarios estadounidenses sobre “todas las opciones sobre la mesa”, ejercicios navales en el Caribe.

El objetivo declarado por Washington ha sido forzar la salida de Nicolás Maduro del poder. Esto convierte a Estados Unidos en un bully revisionista que busca cambio de régimen, no solo modificar políticas puntuales. La captura de Maduro por fuerzas estadounidenses el 3 de enero de 2026 representó la culminación de esta estrategia coercitiva, aunque el régimen que le sucedió –encabezado por la presidenta encargada Delcy Rodríguez– mantuvo inicialmente ciertas estructuras de poder heredadas.


3. ¿Ha Retrocedido Estados Unidos ante Concesiones Venezolanas?

Durante los años de mayor presión (2018-2020), el gobierno venezolano realizó múltiples gestos de negociación:

  • Aceptación de mediación internacional (Noruega, México).
  • Liberación de presos políticos considerados “intercambiables”.
  • Propuestas de elecciones anticipadas con garantías internacionales.
  • Ofertas de recompra de deuda y garantías a inversiones estadounidenses.

Resultado: Estados Unidos no retrocedió de forma sustancial. Por el contrario:

  • Mantuvo e incrementó sanciones (incluyendo la prohibición de compra de petróleo venezolano en 2019).
  • Endureció las condiciones para levantar medidas (exigiendo salida de Maduro, no sólo concesiones).
  • Continuó impulsando procesos judiciales contra funcionarios venezolanos en cortes de EE. UU.

La única desescalada significativa ocurrió en 2022-2023, pero no por concesiones venezolanas, sino por factores externos: la guerra en Ucrania y la necesidad de Estados Unidos de buscar fuentes alternativas de petróleo. Eso llevó a licencias temporales a Chevron, pero sin abandonar el objetivo de cambio de régimen.

Esto confirma la regla: un bully revisionista no retrocede porque la víctima negocie; retrocede –si acaso– por cambios en su propio cálculo de costos y beneficios, no por buena voluntad inducida por concesiones.


3.1 El Caso Alex Saab Morán: Negociación Bajo Coerción y sus Límites

El arco del empresario colombiano Alex Saab Morán constituye el ejemplo más revelador de la dinámica “bully-víctima” en la relación bilateral. Su trayectoria ilustra tanto la validez de la tesis central como su límite estructural.

Fase I: Identificación y Detención (2019-2021)

En 2019, EE.UU. sancionó a Saab por presuntamente pagar sobornos para obtener contratos con el Gobierno venezolano sin licitación, acusándolo de lavado de $350 millones. En junio de 2020 fue detenido en Cabo Verde a solicitud estadounidense; en octubre de 2021, extraditado a Miami. Durante este período, Venezuela intentó una táctica defensiva clásica: declaró a Saab “enviado especial” con pasaporte diplomático, apelando a la inmunidad consular bajo la Convención de Viena. La fiscalía de Florida demostró que los documentos eran falsificados, pero la campaña de Caracas (murales, series de YouTube, manifestaciones callejeras) generó costos políticos y mediáticos para Washington, ilustrando el Escenario 2 de la tabla original: dividir al bully apelando a normas internacionales.

Fase II: El Canje de Diciembre de 2023 – Negociación desde Posición de Fuerza Mutua

La liberación de Saab en diciembre de 2023 no ocurrió porque Venezuela cediera en su postura política. Fue producto de un intercambio de prisioneros mediado por Qatar en Doha: EE.UU. liberó a Saab a cambio de la excarcelación de 10 estadounidenses detenidos en Venezuela, la entrega del fugitivo de la Marina “Fat Leonard”, y 20 presos políticos venezolanos. Simultáneamente, EE.UU. otorgó un perdón presidencial a Saab, quien viajó directamente a Caracas y fue recibido por Maduro.

Este canje confirma la tesis del texto: el bully retrocede cuando recalcula sus costos, no cuando la víctima se somete. En 2023, EE.UU. necesitaba: (a) liberar ciudadanos estadounidenses; (b) asegurar suministros petroleros alternativos post-invasión de Ucrania; (c) evitar la escalada migratoria regional. Venezuela, por su parte, negoció desde una posición de contra-disuasión: control territorial, alianzas con Rusia e Irán, y capacidad de generar crisis regionales. Saab regresó a Caracas, fue nombrado ministro de Industria y Producción Nacional (octubre 2024 – enero 2026), y reafirmó la soberanía venezolana sobre su operador financiero.

Fase III: Colapso de la Contra-Disuasión y Deportación (Enero-Mayo 2026)

La captura de Maduro el 3 de enero de 2026 transformó el tablero. El régimen que le sucedió, encabezado por Delcy Rodríguez, carecía de la base de poder, las alianzas externas y la capacidad de imponer costos asimétricos que habían caracterizado al gobierno anterior. Saab, detenido en secreto en febrero de 2026, fue deportado a EE.UU. el 16 de mayo de 2026, escoltado por agentes de la DEA.

El SAIME justificó la medida como “cumplimiento de la legislación migratoria venezolana”, citando que Saab “se encuentra incurso en la comisión de diversos delitos en los Estados Unidos”. La realidad, no obstante, es que el nuevo régimen post-Maduro carecía de incentivo estratégico para proteger a un operador financiero sin valor de canje. La entrega de Saab demuestra la regla inversa: cuando la nación pequeña pierde su capacidad de contra-disuasión, el bully impone condiciones sin negociación.


4. ¿Habría sido diferente si Venezuela cediera más?

Supongamos un escenario hipotético: Venezuela acepta todas las demandas iniciales de Estados Unidos en 2017 (elecciones anticipadas sin Maduro, entrega de activos, salida de aliados como Rusia y China). ¿Habría cesado la agresión?

La evidencia de casos análogos (Nicaragua en los 80, Cuba, Haití bajo ocupación) sugiere que no. Estados Unidos habría:

  1. Exigido nuevas garantías de “no retorno” al chavismo.
  2. Mantenido sanciones como seguro hasta ver un gobierno totalmente alineado.
  3. Presionado por tratados comerciales desfavorables y bases militares.

En otras palabras, ceder completamente solo habría cambiado la forma de la coerción, no eliminado la relación de dominación. El caso Saab lo ilustra: incluso después del canje de 2023, EE.UU. mantuvo sanciones sectoriales y el objetivo de cambio de régimen, demostrando que las concesiones puntuales no alteran la estrategia revisionista del agresor.


5. Condiciones donde negociar podría tener sentido táctico

A pesar de lo anterior, existen tres escenarios donde una nación pequeña como Venezuela podría negociar con el bully estadounidense sin caer en apaciguamiento:

EscenarioEstrategiaEjemplo aplicable
Ganar tiempoNegociaciones lentas, falsas concesionesVenezuela negoció con la oposición en México (2021-2022) mientras recomponía alianzas militares con Rusia.
Dividir al bullyNegociar con sectores internos del agresor (empresas, estados, congresistas)PDVSA obtuvo licencias de Chevron, Eni, Repsol operando bajo excepciones; Saab apeló a inmunidad diplomática para generar costos jurídicos.
Cambio de costosMostrar que ceder hoy evita un costo mayor para EE. UU.El alza del petróleo en 2022 forzó licencias temporales; el canje de Saab (2023) respondió a la necesidad de liberar ciudadanos estadounidenses sin que Maduro cediera en lo político.

En ninguno de estos casos se negocia esperando que el bully “retroceda por bondad”; se negocia para alterar su ecuación de costos y beneficios. El caso Saab en 2023 encarna el tercer escenario: Venezuela no liberó a los estadounidenses por apaciguamiento, sino porque EE.UU. calculó que el costo de mantenerlos detenidos superaba el beneficio de mantener a Saab preso.


6. Conclusiones y Recomendaciones

  1. No vale la pena negociar con Estados Unidos (como bully revisionista) con la expectativa de que retroceda voluntariamente. El historial 2017-2024 demuestra que las concesiones unilaterales no han reducido la presión coercitiva. El caso Saab (2019-2021) muestra que incluso la detención de un operador financiero clave no llevó a EE.UU. a moderar sus demandas; solo el intercambio de 2023 –desde posición de fuerza mutua– produjo un retroceso táctico.
  2. Negociar sí puede ser útil como táctica defensiva para ganar tiempo, acceder a nichos comerciales (licencias petroleras) o dividir a la coalición agresora (empresas vs. gobierno de EE. UU.). El canje de Saab es el ejemplo paradigmático: no fue una concesión venezolana, sino un intercambio donde ambas partes recalcularon costos.
  3. La verdadera disuasión para Venezuela no viene de ceder, sino de:
  • Alianzas externas creíbles (Rusia, China, Turquía, Irán).
  • Capacidad de imponer costos asimétricos (migración masiva, crisis regional, litigios internacionales).
  • Resistencia económica interna que haga muy costoso el bloqueo total.
  1. El colapso de la contra-disuasión elimina toda capacidad negociadora. La deportación de Saab en mayo de 2026, tras la caída de Maduro, demuestra que sin soberanía efectiva, alianzas externas y capacidad de imponer costos, el bully impone condiciones unilateralmente. La disuasión colectiva y las alianzas no son complementos opcionales; son condiciones necesarias para cualquier negociación no capitulatoria.
  2. Para la comunidad internacional: El caso Venezuela–EE. UU. confirma que el apaciguamiento ante potencias coercitivas no genera paz estable. La única vía probada para detener a un bully nacional es la disuasión colectiva y la creación de costos insostenibles para el agresor. Sin embargo, esta vía requiere que la nación pequeña mantenga soberanía efectiva; cuando ésta colapsa, ni la ONU ni alianzas regionales pueden impedir la imposición unilateral.

Referencias

  • Allison, G. (2017). Destined for War. Houghton Mifflin Harcourt. (Sobre lógica de apaciguamiento y conflicto hegemónico).
  • Drezner, D. (2021). “Las sanciones no funcionan como se piensa”. Foreign Affairs.
  • Informes de la ONU y CIDH sobre efectos de sanciones coercitivas unilaterales en Venezuela (2020-2024).
  • Declaraciones de funcionarios de EE. UU. y Venezuela entre 2017 y 2024.
  • Caso judicial: United States v. Alex Nain Saab Morán (S.D. Fla.), especialmente moción de desestimación de marzo de 2024 tras perdón presidencial.
  • Comunicado oficial del SAIME (Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería), 16 de mayo de 2026, sobre deportación de Alex Saab Morán.
  • Comunicado de la Casa Blanca, 20 de diciembre de 2023, sobre acuerdo de intercambio de prisioneros con Venezuela.
  • Reyes, G. (2024). Investigaciones periodísticas sobre la trayectoria de Alex Saab Morán. Univisión/Proyecto Inventario.

Nota final: Este artículo es estrictamente analítico: evaluar si la negociación bajo coerción logra que el agresor retroceda, usando el caso Venezuela–EE. UU. como laboratorio contemporáneo. La evidencia muestra que no, salvo que la negociación esté respaldada por poder de contra-disuasión. El caso Alex Saab Morán (2020-2026) ilustra ambas caras de esta proposición: el canje de 2023 funcionó porque Venezuela negociaba desde fuerza; la deportación de 2026 ocurrió porque esa fuerza había desaparecido.


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Published by EduardoSalgado

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